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Última actualización:
2024-03-01 14:01

LA TRAICIÓN DEL VOTO EN IRÁN

Publication Date: 23-06-2021

Votar en una elección que para muchos fue vista como arreglada de origen, fue considerado como traición por muchos en Irán y de ahí el que la participación haya sido menor al 50% del padrón electoral.

La democracia ha perdido su esencia y se ha vuelto una especie de protocolo para cambiar las fichas que sirven a los intereses de un régimen que se niega a soltar el poder, mientras se aferra a la perpetuidad de condiciones míseras para la ciudadanía.

En la última década más de 4 millones de personas han caído en la pobreza, el país es considerado como el más afectado por el Covid-19 en Oriente Medio, el desempleo llega al 20%, y por si fuera poco, la inflación alcanzará un 39% en este año. Lo que quiere decir que el dinero de los iraníes alcanzará cada vez para menos y muchos no lograrán hacer las tres comidas al día.

 

Así las cosas en un país en el que lo que importa son los proyectos de poder y no los proyectos de nación, y así es cómo llega el clérigo Ebrahim Raisi al poder.

Raisi es un juez y clérigo de línea dura, quien además de ser el protegido del Líder Supremo Alí Khamenei, es conocido por su papel en la ejecución masiva de miles de presos a finales de la década de 1980. Cuando era juez del Tribunal Revolucionario de Teherán.

Amnistía Internacional calcula que más de 5,000 presos, la mayoría de ellos afiliados al grupo disidente Muyahidín del Pueblo de Irán, fueron ejecutados por orden de Raisi y otros tres jueces.

¿Cómo no iba a ser considerado como traición legitimar la elección de alguien así?

 

El olor es tan fétido que provoca taparse las narices. Porque en ese personaje hay algo que apesta y, por si fuera poco, afirma que tiene sangre de profeta y que su linaje se remonta a nada más y nada menos que Mahoma, lo que le permite llevar un turbante negro.

No obstante, esto último parece no ser el único factor que hizo posible su "ascensión", ya que desde que Ali Khamenei se convirtió en el hombre más poderoso de Irán, Raisi ha estado siempre a su lado y en 2016 fue designado para dirigir la fundación Astan Quds Razavi, que maneja buena parte de la comercialización del petróleo, así como negocios agrícolas y de la construcción.

Poco tiempo después, en 2019, Khamenei lo nombró director del sistema judicial. Cargo en el que al parecer se sirvió con la cuchara grande, puesto que bajo la bandera de liderear la lucha contra la corrupción, en el camino destituyó y empañó la reputación de algunos de sus principales oponentes políticos. Además de que el puesto también lo convirtió en el vicepresidente de la Asamblea de Expertos de Irán.

Institución encargada de elegir al próximo Líder Supremo cuando muera Khamenei, en un tiempo que parece no muy lejano. Puesto a sus 82 años, se dice que ya ha elegido a Raisi como su sucesor y que quiere dejarlo con el mayor poder posible. Lo que se traduce en un vil "dedazo."

El mal olor sigue subiendo y es que lo más probable es que cuando el próximo presidente de Irán asuma el poder, termine con las reformas de apertura que realizó en los últimos años el presidente Hassan Rouhani. Porque su fe está depositada en el aparato revolucionario formado por los diferentes poderes que van desde la Guardia Revolucionaria, que controla centenares de empresas estatales y mixtas, hasta los comerciantes que controlan el bazar central de Teherán. Mientras que su total desconfianza, esta situada en las inversiones extranjeras, a las que se opone con tenacidad.

Línea en la que posiblemente será dictada su política exterior, ya que Raisi ha declarado en varias ocasiones que se opone a cualquier tipo de compromiso con Occidente. Sin embargo, aquí es probable que se tenga que cuadrar con la visión de Khamenei y retome el acuerdo nuclear de 2015. Aunque todos los expertos coinciden en que Irán ya está muy cerca de lograr una producción suficiente de uranio enriquecido para fabricar armas nucleares.

Finalmente, el mayor desafío de Raisi que se alcanza a ver en el horizonte, será el de disimular su mal olor y hacerle creer a los jóvenes iraníes que seguir votando no es una constante traición a la democracia y al progreso del país, y que el cambio tiene posibilidades de suceder a través de las urnas. Porque cuando esta creencia se agota, la única alternativa que queda es el levantamiento que provoca la fe en los ideales individuales, con la esperanza de que votar deje de ser una traición.

El último en salir apague la luz.

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