Cambio de era más allá de Alemania
En pocos países como en Alemania puede identificarse tan claramente un punto de inflexión política como el anunciado el 24 de febrero de 2022 por Olaf Scholz en su discurso sobre la Zeitenwende, (cambio de era), un día después de la invasión rusa a Ucrania. El entonces canciller --que no consiguió terminar su mandato conforme a lo establecido-- decretó ese cambio que su sucesor Friedrich Merz mantiene y profundiza. La transformación del país lo traslada de una “superpotencia del poder blando” o
En pocos países como en Alemania puede identificarse tan claramente un punto de inflexión política como el anunciado el 24 de febrero de 2022 por Olaf Scholz en su discurso sobre la Zeitenwende, (cambio de era), un día después de la invasión rusa a Ucrania. El entonces canciller --que no consiguió terminar su mandato conforme a lo establecido-- decretó ese cambio que su sucesor Friedrich Merz mantiene y profundiza. La transformación del país lo traslada de una “superpotencia del poder blando” o “potencia civil” a uno que privilegia el pragmatismo, con énfasis en la reactivación económica y fortalecimiento de sus capacidades militares.
El anuncio fue significativo, incluso más allá de sus fronteras, particularmente por lo que ha venido después: a la invasión rusa de Ucrania se han sumado factores que transforman a Alemania, al continente europeo (poniendo en juego a la Unión Europea) y al mundo en su conjunto. El segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha profundizado la incertidumbre. Las tensiones en la relación transatlántica, incluida la amenaza de anexión contra Groenlandia, han desestabilizado a Europa y reavivado el debate sobre su autonomía en materia de defensa, además de cuestionar la estabilidad e incluso continuidad de la OTAN.
Al ese escenario de por sí complejo se suma la desestabilización en Medio Oriente. La situación en Gaza, desencadenada por los ataques de Hamás en Israel en 2023; su consecuente escalada regional, y, desde este febrero, la decisión de Trump de intervenir en Irán sin el consenso con, apoyo de o aviso a sus socios transatlánticos ha generado diferencias evidentes entre los miembros de la UE, con consecuencias que se sufren globalmente. Alemania ha apostado por mantener una posición ambivalente: respaldo a sus aliados, insistiendo en la necesidad de evitar una escalada mayor y abogando por canales diplomáticos, pero buscando no romper su canal privilegiado con EE. UU. Entretanto, como el resto, se enfrenta a disrupciones en cadenas de suministro y la volatilidad de los precios energéticos. Todos estos factores han contribuido a la reconfiguración de rivalidades y alineamientos internacionales, al debilitamiento del multilateralismo y a la pérdida de la estabilidad y certidumbre que se atribuían al libre comercio.
Los últimos años han implicado cambios profundos en el sistema internacional que tendrán efectos duraderos. La Zeitenwende global no se gestó en febrero de 2022 ni fue decretada por Alemania, pero los cambios que vivimos no son --ni deben ser– ajenos a México. En el pasado, nuestro país ha sido capaz de marcar diferencias y defender su posición ante terceros. Eso no tiene que cambiar. Hacerlo exige un análisis fino y la formulación de estrategias y políticas de acercamiento con otros países que consideren las redefiniciones de nuestros socios más “naturales o históricos”.
Participación en El Economista








