Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

Última actualización:
2022-10-03 12:47

COMPLEJIDAD Y TURBULENCIA

Publication Date: 22-09-2022

Cada septiembre, Naciones Unidas convoca en Nueva York a presidentes y jefes de estado de todo el mundo para celebrar su Asamblea General (AGONU). Es probablemente la convocatoria más concurrida de mandatarios en la que se discuten los principales temas de la agenda global. Esta semana, la 77 Asamblea General se celebra en un contexto caracterizado por complejidad y turbulencia.

Estamos cerca del fin de la Pandemia y los líderes podrán reunirse de forma presencial por primera vez desde 2019. Sin embargo, los impactos económicos y sociales de la COVID 19 han dejado cicatrices que tardarán en sanar varios años, sobre todo en los países y comunidades más vulnerables. El conflicto de Rusia-Ucrania exacerbó los impactos de la Pandemia al incidir en el incremento generalizado de los precios de energéticos y alimentos.

Hoy enfrentamos una desaceleración económica, con potencial de convertirse en recesión, inflación generalizada y altas tasas de interés que si bien, atenúan el incremento de precios, también impactan a los mercados de deuda y desincentivan la inversión. Ante la coyuntura, la respuesta natural de los gobiernos es intervenir a través de subsidios o controles de precios en los bienes y servicios que inciden en la canasta básica. Pero no debemos olvidar que las decisiones que tomemos hoy definirán el futuro de las siguientes 5 generaciones.

El incremento en el precio de los energéticos combinado con subsidios para amortiguar los impactos inflacionarios ha estimulado un mayor consumo de energía fósil, principal precursor de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que provocan el calentamiento global. Según “Global Carbon Project”, tras una reducción de 5.7% de las emisiones de CO2 durante la Pandemia, las emisiones estimadas en 2022 superan en 1.6% los niveles registrados incluso antes de la Pandemia.

Y conforme aumenta la emisión de gases que lo originan, el cambio climático no vacila en recordarnos la intensidad de sus impactos. Este año hemos atestiguado olas de calor y sequías sin precedente en diversas regiones. En Europa, se rompieron récords de temperatura en Portugal, Reino Unido y otros países provocando miles de muertes y desplazamientos por incendios forestales. Monterrey, Hermosillo y otras ciudades de México y el suroeste de Estados Unidos tuvieron una muestra de las implicaciones socioeconómicas de la sequía. La peor inundación en la historia en Paquistán cobró 1,136 vidas humanas, devastó un millón de viviendas y colapsó 3,500 km de carreteras

Antes de la Pandemia, la Asamblea General fue escenario de anuncios trascendentales en el combate al cambio climático. En 2019 por ejemplo, el mundo aplaudió a China, principal emisor de GEI, por su compromiso de ser neutro en carbono antes de 2060. Las buenas noticias continuaron tras el cambio de administración en Estados Unidos con su regreso al Acuerdo de Paris y su meta de reducir sus emisiones 52% al 2030. Entre 2019 y enero de 2022 cerca de 130 países se habían comprometido a ser neutros en carbono a mediados de siglo.

El contexto de complejidad y turbulencia que enfrenta el mundo no debe ser una excusa para retardar la transición hacia sistemas económicos más limpios y eficientes. Es un momento ideal para que gobiernos y empresas establezcan las bases que definirán su competitividad y desarrollo en las próximas cinco décadas. Con las tensiones geopolíticas por el conflicto Rusia-Ucrania y ahora China-Taiwán, la seguridad energética se suma a los múltiples beneficios de la transición hacia sistemas energéticos libres de combustibles fósiles. Esta semana en Nueva York, los líderes tienen la obligación de devolvernos la confianza ante un contexto de gran incertidumbre.

*Enrique Lendo es ex negociador del gobierno de México en foros internacionales y experto en temas económicos y de desarrollo sustentable. @EnriqueLendo

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