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La sociedad mexicana: ¿Dr. Jekyll o Mr. Hyde?

Edna Jaime


El Financiero

Los mexicanos parecemos tener dos personalidades. Como Dr. Jekyll y Mr. Hyde: dos identidades en una misma persona.

Por un lado, somos ciudadanos poco interesados en la cuestión pública, desconfiados de los políticos pero también de nuestros pares, apáticos la mayor parte del tiempo. Por el otro, mostramos generosidad y solidaridad desbordantes cuando las circunstancias apremian. En la historia del escritor Stevenson, el Dr. Jekyll encontró la pócima para separar el bien y el mal. Sería fantástico que nosotros encontráramos los mecanismos para que nuestra faceta ejemplar como ciudadanos prevaleciera. Seríamos un país muy diferente.

Lo primero es entender de dónde venimos, porque eso explica en buena medida lo que somos. Y nuestro pasado es el de un aparato político apabullante en el que el ciudadano era muy chiquitito. Primero el partido, me refiero al PRI y sus antecesores, se hizo omnipresente para asegurar la estabilidad. Integró en sus estructuras igual a amigos que rivales, campesinos que obreros, sectores de la sociedad mexicana y empresarios. Era un aparato poderoso y eficaz en el control y en la intermediación política. Un entorno en el que la participación independiente era imposible, pero también en el que el ciudadano tenía poca capacidad de incidir.

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