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Un pasado que no cesa y un futuro que no llega

Leonardo Curzio


El Universal

Dos cosas sorprenden en el debate nacional. La primera es la discusión sobre el pasado y el futuro. La segunda son los pugilistas que se disputarán el 2018. De manera prominente, el PRI y Morena se han concedido mutuamente el placer de competir el uno contra el otro. Desde 2015, el Presidente viene perfilando (y lo ratificó en su Informe) que la gran disputa del año próximo será entre el populismo, el pasado o cualquier otra etiqueta con la que se quiera descalificar a Morena y el PRI, que se presenta como el garante y paladín de las reformas. Para reforzar esta idea de dos invitados al baile, Andrés Manuel López Obrador se ha esmerado en reiterar que, en realidad, sólo hay dos sopas: la propia y la de la mafia en el poder, en cualquiera de sus variantes. Contentos estaban ambos con esta idea de enfrentarse en el ring del 2018, cuando el Frente empezó a tomar cuerpo tanto como estructura política en el Legislativo, como en algunos proyectos regionales (Jalisco y probablemente la Ciudad de México).

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