Asociados en prensa

El farsante y su público

Federico Reyes Heroles


Excélsior

Acaso muy en el fondo queremos vivir en la farsa y que el drama se vuelva realidad, como en Shakespeare, creemos que el destino está escrito y nada podemos ya cambiar. Es una trampa mental, porque nada está escrito y El farsante podría desmoronarse. Pero lo primero es ponerlo en palabras, es un farsante y puede ganar si no lo desnudamos. Trump también es un farsante y hoy es Presidente. No hay sorpresas, está siendo lo que se predijo, un desastre. Pero ése no es necesariamente nuestro destino, no hay fatalidad. Como dice Rob Riemen en su más reciente y espléndida entrega, lo primero es nombrarlo, “cambiar las palabras también cambiará los hechos” (Para combatir esta era, Taurus). Si la farsa echa raíces, los otros partidos harán lo mismo. Resultado: la República como farsa.

Con ligereza hablamos de su tercera postulación. Él con sorna advierte que no habrá una cuarta. El mesías no está disponible siempre. Nos reímos de que no pueda acreditar sus ingresos y su situación fiscal. Pero lo dejamos seguir adelante. No cumple con lo básico de un ciudadano en regla, pero galopa ante nuestros ojos, aparece en las pantallas, vocifera como si todo estuviera en regla. Qué es esto. Se hizo de un partido político a su medida y ahora nosotros subsidiamos su actividad. Ya acomodó a su parentela en el organismo, algo intolerable para otros. Pero a él se lo pasamos con cierta tibieza. No lo llamamos a cuentas, lo dejamos hacer de las suyas sin ponerle un alto.

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