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Muchos perdedores, ningún ganador

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La redacción de una nueva Constitución permitirá al gobierno del presidente Nicolás Maduro perseguir con mayor fuerza a la oposición.

El domingo pasado salieron a las calles a votar, según cifras del gobierno, ocho millones de venezolanos para definir el futuro político de su país, a través de la elección de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para redactar una nueva Constitución. La oposición asegura que únicamente votó alrededor de 12.4% de la ciudadanía, es decir, aproximadamente 2.4 millones de personas. Sin importar la cifra real de votantes, es evidente el descontento generalizado patente en Venezuela. Con un gobierno de corte dictatorial y una terrible represión hacia la disidencia, la situación en Venezuela apunta hacia un peor estado.

La redacción de una nueva Constitución permitirá al gobierno de Maduro perseguir con mayor fuerza a la oposición, así como consentir mayor injerencia del Ejecutivo en el Judicial. La nueva Constitución pondrá el punto final a la “Revolución Bolivariana”, dejando de lado la Constitución de Chávez de 1999, lo que conduce a mayor descontento por parte de los chavistas. Una Constitución redactada en el marco de un gobierno autoritario y en el que se reconocen limitados derechos de la población civil, únicamente puede servir para privar aún más los derechos de la ciudadanía y perpetuar en el poder a un gobierno carente de legitimidad y partidario de la violencia política.

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