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Nuestra democracia

Luis Rubio


Reforma

La democracia mexicana está en problemas: para unos, es la causa del ascenso en la criminalidad; para otros, ésta ha permitido la descentralización del poder que, a su vez, dio rienda suelta a los gobernadores para dispendiar los recursos, incurrir en todo tipo de actos de corrupción y vivir en la impunidad; para la mayoría, la democracia no ha traído consigo un mejor sistema de gobierno, una economía más exitosa o una sociedad más igualitaria. De acuerdo a estos diagnósticos, la solución -implícita, porque (casi) nadie se avienta el tiro de proponerla abiertamente- reside en la reconstrucción del viejo sistema político o algo similar. Eso es lo que los morenistas pretenden y varios priistas intentarán en su próxima Asamblea.

El debate sobre la vigencia y viabilidad de la democracia es universal. Las "sorpresas" electorales de los últimos tiempos hablan por sí mismas: el llamado "Brexit"; la elección de Donald Trump; la fortaleza electoral de Marine Le Pen; el referéndum para otorgarle poderes casi ilimitados al presidente de Turquía; y la envidia que genera, en muchos ámbitos políticos e intelectuales, la capacidad de imponer decisiones y reformas del gobierno chino. Todos estos no son sino ejemplos del embate que sufre la democracia en el mundo.

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