Asociados en prensa

Un golpe temerario

Eduardo Guerrero


El Financiero

El abatimiento de un líder criminal debería considerarse, casi invariablemente, como un fracaso del Estado. Si los militares o los policías no pueden concretar la captura sin correr un riesgo personal demasiado alto, el fracaso estriba en que el Estado no tuvo la superioridad (en términos de poder de fuego) que sería necesaria para garantizar la seguridad de los ciudadanos. En contraste, si el abatimiento no fue estrictamente necesario, pero se desprende de la convicción de que en otro caso el criminal 'saldrá libre', estamos ante un escenario muy grave, tanto de desprecio a los derechos humanos, como de desconfianza entre las propias autoridades.

Sin embargo, los abatimientos –esa práctica terriblemente frecuente en los operativos militares– revelan también una concepción equivocada sobre los objetivos en el combate al crimen. Las consecuencias de esta concepción equivocada se han visto decenas de veces en zonas urbanas de Tamaulipas, de Sinaloa o de Jalisco: balaceras, vehículos secuestrados e incendiados: narcobloqueos.

Un escenario así se vivió el pasado jueves en la delegación Tláhuac, como resultado del operativo en el que fueron abatidas ocho personas, incluyendo a Felipe de Jesús Pérez Luna, El Ojos, líder del llamado Cártel de Tláhuac. Durante el operativo, y para evitar la detención del líder, se registraron al menos cuatro narcobloqueos. En éstos, presuntos integrantes del grupo criminal quemaron camiones de carga y de transporte público.

Continúa leyendo aquí

ENTRADAS RELACIONADAS

José Ángel Gurría para Presidente

Leer más..

El Talón de Emilio

Leer más..

Digresiones sobre la nueva guerra del opio/II

Leer más..