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El socavón y el drenaje 

Víctor Espinoza


Ernesto Ruffo Appel, fue el primer gobernador de alternancia, 1989-1995; durante el primer año de su gobierno se vivió una de las peores tormentas. Las ciudades de la costa de Baja California vivieron inundaciones, deslaves y hubo más de 40 muertos. Lo que dijo Ruffo en su momento fue muy acertado: “nadie se preocupó por invertir en pluviales, son obras que no lucen y no dan votos. Pero los pluviales son indispensables”.

Cada que llueve en nuestro país, aflora la corrupción. Los baches surgen como hongos a la menor precipitación. Nuestras ciudades parecen zonas de guerra después de cualquier lluvia. Y si son tormentas, el saldo es la muerte, así de sencillo, así de cruel. Cuánta razón de Ruffo, las obras lucidoras son las que se hacen en el exterior: por eso a los políticos les encantan los monumentos, las obras faraónicas, los puentes y pasos peatonales aunque nadie los use. Recuerdo en uno de mis recorridos por Ciudad Juárez me llevaron a ver un puente peatonal digno de una exposición de arte-instalación. Para cruzar las vías del tren hicieron un puente de aproximadamente dos metros de largo, pero que había que ascender y descender en vertical como 10 metros. Sólo cabía un carro del ferrocarril. Treparlo era digno de un atleta de alta competición. Yo me preguntaba: ¿A quién se le ocurrió la peregrina idea de construirlo? ¿Cuánto costó? ¿Qué funcionario y dependencia lo aprobó?

Los políticos mexicanos son extravagantes, cursis, incultos y tienen mal gusto: por eso esas obras faraónicas. Ese mal gusto lo han comprado ciertos artistas, por ejemplo Sebastián, cuyas horrendas esculturas se levantan en algunas ciudades. Se encuentra una proyectada para la garita del Chaparral en Tijuana y que le llaman: “Puerta de las Américas”. Un monumento al mal gusto que costó mucho dinero y que involucra a las ex autoridades de El Colegio de la Frontera Norte. No podemos dejar de mencionar la Estela de Luz construida en el Paseo de la Reforma en la Ciudad de México construida bajo el gobierno de Felipe Calderón y que pensaba que sería la gran obra escultórica de su sexenio; cuyo presupuesto original era de 400 millones y terminó costando 880 millones de pesos.

La obra pública en México ha sido la fuente de enriquecimiento de muchos particulares. Grandes fortunas amasadas a través de la concesión de obras a constructores sin escrúpulos; o funcionarios reconvertidos en constructores. Pongo un ejemplo, el desarrollo de la “nueva ciudad” Valle de Las Palmas en Baja California. Miles de viviendas construidas en medio de la nada; verdaderas “pichoneras” sin los servicios mínimos, sin transporte, sin comercios, escuelas, etc. Bueno, la Universidad Autónoma de Baja California, en una decisión cuestionable, decidió construir un campus. La evidente intención fue generar plusvalía a la zona. Al poco tiempo, Valle de Las Palmas es una ciudad desierta, en la que los alumnos padecen lo indecible para llegar a clases. Es un acto de corrupción que debería ser investigado y los responsables rendir cuentas. Pero seguramente no pasará nada, salvo los asaltos y el incremento de estudiantes muertos en accidentes de tránsito. ¿Por qué se construyó un campus donde no había pobladores? La respuesta no admite dudas: por corrupción.

El socavón donde murieron dos personas de manera terrible en Cuernavaca es otra prueba evidente de la corrupción en la licitación de obras y de complicidad en la supervisión de las mismas. Y ahora nos enteramos que una de las empresas que construyeron el Paso Express Tlahuica, en el libramiento de la carretera México-Acapulco, es la misma que construyó la Estela de Luz. Efectivamente GUTSA construyó en 2011 la Estela, tiempo después se disolvió pero su socio mayoritario, Juan Diego Gutiérrez Cortina, fundó EPCCOR, que juntó con ALDESEM, construyeron el fatal paso express.

 La indignación de la ciudadanía parece que empieza a tocar fondo. No se puede seguir gobernando ignorando los problemas y concibiendo a la Administración Pública como botín. Ese camino es muy peligroso y conduce a que la reacción se salga de cause. Lo estamos viendo en la cantidad de linchamientos que se registran a lo largo de la geografía nacional. Urge una reforma de Estado que aunque ponga de cabeza al país, sea la forma de sacudirse la corrupción y el hartazgo

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