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Ojo con Armando

Genaro Lozano


Reforma

El puntero de la elección presidencial del 2018 se ve confiado. Responde a las preguntas que le hizo René Delgado en una entrevista en reforma.com con sus tradicionales pausas largas, pero sereno. No se oye enojado, aunque repite el mismo mantra de siempre. Más de 22 minutos de entrevista y AMLO ya recitó de corrido su diagnóstico de los problemas del país: la mafia del poder, el fraude del 2006 y la falta de ética en la política. La misma narrativa del 2006 y del 2012 con la misma solución: votar por él para que gobierne alguien con honestidad, como si fuera la receta mágica, lo único que transformará al país.

López Obrador se ve tranquilo. Tal vez por ello integra cada día a personajes polémicos a su equipo. Su confianza es tal que ahora le abrió las puertas de Morena a Lino Korrodi, porque "se vale rectificar", porque "en Morena son bienvenidas las personas de buena voluntad" y como juez máximo de esa buena voluntad solo basta el que AMLO te perdone.

La desmedida confianza precede la derrota. Así le pasó en el 2006 y en el 2012. AMLO no tuvo visión para ver cómo el proyecto socialdemócrata de Alternativa y la excepcional candidatura de Patricia Mercado le quitaría más de un millón de votos a la izquierda del PRD. AMLO no tuvo visión para ver que Peña Nieto sí conectó con un sector amplio del electorado. Ahora, en 2017, López Obrador no tiene visión ante un PRD que le mendiga amor con seis puntos en las encuestas y tal vez el 18 sea tarde para recular.

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