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¿A qué le teme EPN en 2018?

Carlos Heredia Zubieta


El voto anti-PRI es el contingente de electores más numeroso en México.

GEA-ISA dio a conocer su más reciente sondeo el 28 de junio, en el cual 62 por ciento de los encuestados quiere un cambio de partido en el poder.

Se da por descontado que EPN designará al candidato de su partido. Lo que está por verse es si los propios priístas acatarán la voluntad del hombre de Atlacomulco. A un año de la elección presidencial, la aprobación a su gestión se estancó en 19 por ciento, según la misma encuesta.

Hay anti-PRI en Morena, en el PAN, en el PRD, y hasta en el propio PRI, con bases tricolores indignadas por la frivolidad y la voracidad del grupo Atlacomulco. Hay un éxodo hormiga de priístas hacia Morena.

Si nos concentramos entonces en el voto anti-PRI, la estrategia de EPN, siguiendo las tesis de @DrLorenzoMeyer y @ricardomraphael, es aplicar ‘el modelo mexiquense’ para robarse las elecciones, que le sirvió para imponer a @alfredodelmazo en el Edomex en los comicios del 4 de junio pasado. Ese modelo está definido por:

1) Meter al gobierno de lleno en la elección: operarla desde Los Pinos, desplegar a los secretarios del gabinete, convirtiéndolos en delincuentes electorales;

2) Gastar lo que sea necesario para crearle buena imagen a un mal candidato, pagar encuestas a la medida, y comprar todos los votos posibles;

3) Aplicar una ingeniería electoral territorial en cada sección, distrito y circunscripción, potenciando a sus posibles electores y suprimiendo a los de sus adversarios;

4) Presionar a los consejeros y jueces electorales que quisieran actuar conforme a la ley y a su conciencia: amenazas cumplidas, intimidación, y un vasto catálogo de mezquindades inenarrables;

5) Dar dinero en efectivo y todo tipo de limosnas a los electores en nivel de subsistencia, para que coman hoy a cambio de condenarse a sí mismos a seguir como pobres;

6) Dividir a la oposición como lo hicieron en el Edomex, para asegurarse que por ningún motivo se aliaran Morena y el PRD;

7) Garantizar a contratistas, socios de negocios ilegales y otros grupos depredadores que podrán seguir operando impunemente si el PRI permanece en el poder.

La gran pregunta es si estas artimañas serán suficientes para detener la insurrección electoral de 2018.

La más reciente encuesta de El Financiero muestra que si hubiera segunda vuelta, el candidato del PRI —se apellide Meade, Osorio Chong, Narro, de la Madrid o como sea— perdería por ¡16 puntos! ante AMLO o frente a quien sea el candidato o la candidata del PAN.

Es casi seguro que no habrá segunda vuelta, opción que no le gusta ni a Morena ni al PRI, que cuentan con ganar junto con sus aliados, así sea con apenas 30 por ciento del sufragio.

A Los Pinos no les quita el sueño una alianza PAN-PRD: confían en que amplias franjas entre las bases de ambos partidos desacatarían la señal de sus dirigentes.

Los Pinos sólo le temen a una opción: una coalición de Morena / PRD / Movimiento Ciudadano / PT / Cuauhtémoc Cárdenas / Emilio Álvarez Icaza, pero le apuestan a que la probabilidad de que se materialice es mínima.

EPN cumplirá 51 años el 20 de julio. Es una edad temprana para retirarse, pero por lo pronto ya amarró su boleto para seguir jugando golf en tierras mexiquenses. Se empleará a fondo para que los resultados del 1 de julio de 2018 le permitan permanecer en el país, le cubran las espaldas y descarten investigaciones incómodas para que rinda cuentas.

Posdata: La respuesta es obvia. El intento de deslegitimar a las instancias de participación ciudadana del Sistema Nacional Anticorrupción viene de un senador priísta que comparte con EPN prácticas políticas y además dos iniciales: la E al frente y la P al final; la intermedia es G.

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