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Por la nueva, la vieja o la renovada. La Constitución de 1917


Crónica

 

En la celebración del primer aniversario de la Constitución de la Ciudad de México, el Jefe de Gobierno invitó, como parte de la propaganda del final de su sexenio, a que el país vea que ese documento “es punta de lanza para concretar el cambio de régimen hacia un gobierno de coalición”. La propuesta es continuar con la movilización jurídica permanente hacia la regulación de un modelo menos presidencialista y más parlamentarista. Hay un llamado abierto a promulgar una nueva Constitución para la República bajo el ejemplo reciente impulsado durante su mandato.

Por su parte, el líder de Morena propone regresar a la Constitución original. Más presidencialismo. Esta postura es una convocatoria clara a dar marcha atrás a las reformas constitucionales (todas o algunas importantes) de los últimos treinta años relacionadas con las cuestiones en materia agraria, religiosa, laboral, educativa, energética, de derechos humanos, equidad de género, multiculturalidad, transparencia, información y estadística, telecomunicaciones, banca central, electoral, órganos autónomos ciudadanizados, gobierno de coalición, reelección de diputados, senadores y presidentes municipales, presupuesto, evaluación del desempeño, Poder Judicial, oralidad en los juicios, autonomía de la Fiscalía, rendición de cuentas, régimen de responsabilidades y combate a la corrupción.

No hay prurito alguno en afirmar que no le importa que sus críticos digan que es un retorno al pasado. También hay una constante referencia al pueblo como fuente de su legitimación, lo que convierte su proyecto en populista en un sentido no necesariamente peyorativo.

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