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Agustín Barrios Gómez


El Heraldo de México

Lo vemos en muchos dreamers cuando vienen a México. Hablan mal el español. Su mundo se circunscribe al rinconcito de Estados Unidos en el que crecieron. Al igual que los americanos, antes de llegar a la Ciudad de México se imaginan que van a visitar una versión enorme de Tegucigalpa, en vez de una de las grandes urbes cosmopolitas.

También lo ves en los hijos del “méxodo”; los mexicanos profesionistas que se van a vivir a The Woodlands, La Jolla, etc. Muchos de ellos crecen con papás que buscan justificar su salida de México hablando mal de su país (a pesar de que la inmensa mayoría dependen de ingresos en pesos). Los niños no conocen México y, no obstante de que viven de él, lo desprecian. Hay, dentro de este grupo, personas que, por una razón u otra, han vivido situaciones inaceptables, principalmente cuando han sido víctimas de la inseguridad. Sin embargo, en general, el hablar mal de México te hace quedar mal a ti. Es un vicio que los mexicanos haríamos bien en desterrar.

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