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Una historia que vale la pena

Manuel Suárez-Mier


Excélsior

En esta ruidosa época de demagogia estridente y necia, de noticias fabricadas con fines partidistas y de políticas públicas sustentadas en una profunda ignorancia de la economía, es un placer leer Clashing over Commerce, historia de la política comercial externa de EU, del profesor Douglas Irwin de la universidad de Dartmouth.

Se trata de una enciclopédica exposición, en 832 páginas, de los avatares de la política comercial de ese país, que empieza por reconocer el violento antagonismo entre quienes creen en el libre comercio con el resto del mundo frente a los que desean proteger a las industrias locales de la competencia externa.

En Los ensayos federalistas, la gran obra de difusión que explica los principios esenciales de su recién redactada Constitución, James Madison, uno de los fundadores de su país, argumentaba que tal conflicto era inevitable pues la política comercial involucra el choque de intereses económicos.

“La batalla entre ganadores y perdedores del comercio exterior siempre ha sido brutal porque (mucho) dinero y (numerosos) empleos están en juego: dependiendo de qué política se selecciona, algunas industrias, productores agrícolas y trabajadores prosperarán, mientras que otros se verán perjudicados.”

Irwin divide la historia de la política comercial de EU en tres periodos: desde la época colonial hasta la Guerra Civil (1790-1860) el fin de las tarifas al comercio foráneo fue recaudatorio. Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro, quería maximizar la recaudación sustentada en impuestos a las importaciones para equilibrar el presupuesto y darle servicio a la deuda, y no una política proteccionista.

El segundo periodo (1860-1934) fue resultado del radical traspaso del poder político del Sur, separatista y rural, al Norte industrializado: los primeros apoyaban el libre comercio pues la economía de plantación vivía de la exportación de materias primas y la importación de insumos baratos, mientras que el Norte exigía protección de la competencia de países más industrializados para sus industrias incipientes.

Habiendo estudiado este lapso con esmero, creo que la principal causa de la Guerra Civil en EU no fue el combate a la esclavitud, que se volvió el leitmotiv en la historia reescrita por el Norte, sino el encontronazo en cuanto a la política comercial de EU, que ya había hecho crisis en 1832 con el intento separatista de Carolina del Sur.

El tercer periodo, de 1934 a la fecha y que el autor define como de “reciprocidad,” empieza con la respuesta del gobierno de F. D. Roosevelt a la adopción de la tarifa Smoot-Hawley, desastrosa para EU y buena parte del resto del mundo y que ayudó a la Gran Depresión, mediante la búsqueda de acuerdos comerciales bilaterales, lo que culmina con la creación de la estructura institucional multilateral que hoy tenemos.

El autor detalla varios temas que han sido permanentes en esta historia:

1. Siempre ha habido una intensa preocupación por las “prácticas comerciales injustas” que practican los extranjeros, aunque nunca las de ellos mismos;

2. Los Presidentes normalmente no saben mucho del tema;  

3. Las posiciones partidistas están enraizadas en la geografía económica;

4. Los populistas siempre están alborotados por el status-quo y denunciándolo.

El último capítulo de este magnífico texto, una inusual combinación de buen análisis económico, político e histórico, se titula De la globalización a la polarización 1992-2017, que me parece especialmente apropiado porque la coalición que hoy ataca el libre comercio en EU, se consolidó en la batalla que libramos hace un cuarto de siglo para conseguir la aprobación de TLCAN.

Nosotros nos fuimos a trabajar en otros temas y ellos se quedaron agitando contra la libertad de comercio, y el resultado ¡es Trump!

 

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