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El muro, ¿quién lo paga?

José Manuel Suárez Mier


Aquelarre Económico

Una de las líneas discursivas que más aplausos le han ganado a Donald Trump desde que emprendió la candidatura que lo llevó a la presidencia de su país, y que mucho dice de la “turba de deplorables,” como Hillary calificó a quienes apoyaron a su contrincante, fue la referente “al muro,” que lo habría de pagar México.

El éxito del libro Fuego y furia: Dentro de la Casa Blanca de Donald Trump, glosado en este espacio la semana pasada, permite atisbar que pretendía el patológico mentiroso que despacha como Presidente de EU, y que llega a su primer aniversario mañana superando el record de la mentira # 2,000.

Según el texto de Wolff, se debe al pleito entre el ahora defenestrado “estratega” de Trump, Steve Bannon, y su yerno Jared Kushner, quien, en consulta con Henry Kissinger, legendario académico y diplomático, decidió que su escenario protagónico empezaría por llevar al Presidente de México a la Casa Blanca “y convertir la controversia sobre el muro, en un acuerdo bilateral en temas migratorios.

“La negociación para la visita (de Peña Nieto) a Washington llegó a su apogeo el miércoles (25 de enero de 2017), días después de la toma de posesión, con el arribo de una delegación mexicana al más alto nivel para concretar los detalles de la visita del primer jefe de Estado a la Casa Blanca de Donald Trump.”

Por la prensa sabemos que Luis Videgaray, responsable del desastroso viaje del candidato Trump a México, y recién nombrado secretario de Relaciones Exteriores, e Ildefonso Guajardo, secretario de Comercio, se reunieron en la caótica Casa Blanca con Kushner y otros para ultimar la visita días después.

El problema fue que nadie le quitó a Trump su celular, por lo que al siguiente día tuiteó que “EU tenía un déficit comercial de 60 mil millones de dólares con México, y que desde un principio el TLCAN había sido un trato beneficioso para un solo lado, con números masivos de empresas y empleos perdidos, por lo que si México no estaba dispuesto a pagar por el indispensable muro, sería mejor cancelar la visita.”

Y eso fue precisamente lo que ocurrió, Peña Nieto suspendió su viaje y desde entonces ha tenido cuidado de no acercarse mucho al desquiciado ocupante de la Casa Blanca cuando se han encontrado en las pomposas reuniones “en la Cumbre,” de las que tanto gustan los jefes de gobierno.

Pero resulta que hay un subtexto en todo esto que es revelado en el libro citado: en los días aludidos “México reventó su oportunidad (según la transcripción de pláticas telefónicas subsecuentes entre ambos Presidentes), al no entender o no querer jugar el nuevo juego (necesario para congraciarse con Trump).”

Según Wolff, se trataba de entrar al mundo de las invenciones de Trump y fingir que México pagaría por el muro, aunque esto no fuera cierto, “pretensión que hubiera resultado en enormes ventajas (para México, aunque no queda claro cuales), sin necesidad de tener que pagar un solo centavo por el muro.”

Se contrasta el supuesto error de Peña Nieto con la obsecuente y zalamera posición de Justin Trudeau, de Canadá; de Xi-Jin-Ping de China, que fue a Mar-a-Lago a quedar bien con su anfitrión; y de Emannuel Macron de Francia, que lo invitó al desfile del 14 julio, que mucho gozó Trump, y lo llevó a cenar a la torre Eiffel.

En ninguno de estos casos hubo una historia sistemática de insultos al país y sus habitantes como en el caso de México, por lo que hubiera sido el suicido político definitivo para Peña Nieto haber jugado el juego de estar públicamente dispuesto a pagar por el muro, aunque en privado se supiera que todo era sólo una simulación.  

¡Y otra vez la burra al trigo!, hace ocho días y de nuevo ayer, Trump reiteró que en el renegociado TLCAN habrá medidas para que México pague “de alguna forma” por el muro.

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