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Mirar hacia dentro (IV) Las adicciones

Gustavo Mohar


Excélsior

Uno de los aspectos que más se destacan en la discusión sobre las causas del narcotráfico es la demanda por las drogas. La trillada, pero cierta frase: “Mientras exista una demanda, habrá la oferta para atenderla” ha dado pauta para todo tipo de cuestionamientos sobre la racionalidad de combatir a las organizaciones del narcotráfico por parte de los países productores o intermediarios, como es el caso de México, porque nuestra sociedad es la que sufre las severas consecuencias de enfrentar a los cárteles.

Sin embargo, más allá de la discusión sobre “la guerra contra las drogas”, están los efectos terribles de las víctimas de su consumo. Para los que padecen los devastadores efectos de una adicción —tanto el propio adicto, sus familiares y amigos—, la vida se puede convertir en un infierno. Parece un hecho incontrovertible que abatir la demanda ha sido totalmente insuficiente, no digamos para acabar, sino tan sólo para mitigar o desalentar la producción, distribución y venta de todo tipo de estupefacientes. Las ganancias que deja este negocio alientan a que surjan nuevos líderes y bandas.

Estados Unidos es el país que más drogas consume en el mundo. Las cifras oficiales son elocuentes: cerca de 23.5 millones de personas son consideradas adictas a un tipo de droga, es una población que va desde los 12 años hasta la tercera edad. Todas requerirían algún tipo de tratamiento, sin embargo, de ese gran total sólo el 11.2% tiene acceso a un centro especializado de rehabilitación, no obstante que hay cerca de 14 mil 500 centros de tratamiento para adictos, más miles de especialistas y hospitales con áreas dedicadas a esta tarea, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil.

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