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El pecado de Pantaleón y el futuro de México

Luis Foncerrada


El Universal

¿Aquién le debemos confiarlas decisiones para lograr más inclusión, bienestar,resolverla inseguridad y corrupción?

Cuando pregunté al tío Pantaleón por qué abandonó su vocación religiosa, su respuesta fue inesperada, sobre todo para los siete años del que preguntaba: por un terrible pecado, dijo, por soberbia. No entendí, parecía grave, ¿Qué era eso? Pregunté de nuevo y se tomó el tiempo: Es lo contrario a la humildad y a la inteligencia, dijo. Es como creer que nadie sabe más que tú, que no tienes que preguntar, que ni siquiera debes escuchar, creer que eso te rebajaría.

Hoy es difícil ignorar esta realidad que caracteriza a muchos de nuestros políticos y servidores públicos. Una penosa peculiaridad que les parece útil y tal vez hasta necesaria para gobernar y que se repite continuamente. Las decisiones, las políticas públicas, programas de todo tipo, son tomadas, frecuentemente, de manera no sólo arbitraria, sino con gran soberbia. Los resultados no esperan, en muchos casos hay consecuencias graves y dramáticas. Las malas decisiones, son decisiones típicamente tomadas por amateurs, tomadas por percepciones, propias o de amigos, o de gurús cercanos, o claramente por el afán del enriquecimiento. Pasa en todos los niveles de gobierno, en todos.

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