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¿Algún día aprenderán los gobernadores?

Jacqueline Peschard


El Financiero

Si algo pretendió la reforma electoral de 2014, que convirtió al IFE en INE, fue atarles las manos a los gobernadores para impedir que controlaran a los institutos electorales de sus estados con objeto de orientar a su favor la voluntad de los electores. Fue un reclamo encabezado por el PAN, que tenía en mente las prácticas de los gobernadores priistas y que formó parte de las negociaciones del Pacto por México. Lo que dicha reforma reivindicaba era reforzar lo que ya estaba establecido en la Constitución desde 1996, que las elecciones en todo el país fueran organizadas por instituciones autónomas, sin correas de transmisión con los gobiernos o sus partidos políticos. Pero la sola norma no ha cambiado el afán injerencista de los poderes locales en los comicios, y ello se evidenció en la reciente resolución del INE, que dejó sin efecto el nombramiento del secretario ejecutivo del Instituto Electoral de Tamaulipas.

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