Asociados en prensa

Liturgia y escenario catastrófico

Leonardo Curzio


El Universal

La llamada liturgia priísta ha reencontrado, en estos días, un protagonismo que hace muchos años no tenía. En las dos elecciones anteriores (2006 y 2012) el candidato del PRI había prefigurado su trayectoria con formas propias de un partido normal en una democracia, es decir, perfilando liderazgos y eligiendo a los que estaban en las posiciones más destacadas. Fue el caso, en 2006, de la fallida candidatura de Roberto Madrazo, quien había conseguido en la elección anterior ubicarse como el retador de Francisco Labastida y arrancar el sexenio en posición de ventaja. En el 2012, Peña Nieto tuvo una especie de proclamación previa, respaldada en una superioridad numérica incontrastable. Por estas mismas fechas, de hace exactamente seis años, la revelación de quién sería el abanderado del PRI no causó sorpresa a nadie, pues era, con amplitud, el mejor situado. En esta oportunidad, la diferencia es que no hay ni un solo aspirante serio en la estructura territorial y los cinco precandidatos están todos en el gabinete y no hay uno que tenga una clara ventaja. Todos tienen algo positivo y todos tienen también debilidades y eso alimenta el juego (confieso que a mi me divierte) de las señales sibilinas.

Continúa leyendo aquí.

ENTRADAS RELACIONADAS

EU y Rusia: la rivalidad revive

Leer más..

China, México y la OMC

Leer más..

Andrés Manuel, en el cielo

Leer más..