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El ingreso básico universal que propone el Frente

Cecilia Soto


Excélsior

Las primeras notas de la Quinta Sinfonía de Beethoven son las más conocidas de cualquier música; las conocen tanto amantes de la música clásica como personas que desconocen al más grande compositor de la historia

Y sin embargo, se trata apenas de un silencio, una misma nota que se repite tres veces, seguida de una nota más grave (aquí lo puede escuchar: https://youtu.be/TSdykQCURQY). A partir de esos tres elementos el genio de Bonn compone una sinfonía solemne, hermosa y conmovedora. Algo así podemos hacer con la propuesta de Ingreso Básico Universal, uno de los puntos más novedosos y llamativos del programa lanzado por el Frente Ciudadano por México. El Ingreso Básico Universal es una propuesta contraintuitiva, entre otras razones, porque pone en duda el valor intrínseco que la cultura judeocristiana otorga al trabajo, valor derivado de la experiencia milenaria de esforzarse para conseguir alimentos, vestido y abrigo y “grabada en piedra” en el imaginario popular por la condena bíblica a la primera pareja a “ganarse el pan con el sudor de su frente”. En contraste, las mejores raíces filosóficas de esta propuesta, que se remontan a 500 años, se adelantan centurias a la reforma de 2011 del artículo 1ro constitucional, pues sustenta el Ingreso Básico en un enfoque de derechos, en el que todo ser humano por el hecho de serlo tiene el derecho a gozar de los medios para una existencia digna.

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