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Disminuye el terrorismo, pero no el terror

Mauricio Meschoulam


El Universal

“Dos semanas, ocho atentados, 247 víctimas”, se titulaba un reporte especial del NYT en verano del 2016. Acababa de ocurrir el ataque en Niza en el que un individuo arrollaba a cientos de personas con un camión; antes de eso, el del aeropuerto de Estambul, y el de Orlando, entre varios más. Eran semanas en que cualquier nota o análisis hablaba del crecimiento y diversificación del fenómeno terrorista. Sin embargo, de acuerdo con la información estadística apenas divulgada, el terrorismo durante 2016 no estaba subiendo, sino disminuyendo. La cuestión es que el Big Data no habla del miedo, sino de cantidades de ataques, de su ubicación y concentración por frecuencia, así como del número de víctimas mortales o heridos por esos ataques. Y el miedo no procede de las cantidades o intensidad de la actividad terrorista, sino del grado de conexión que esos ataques por pequeños o grandes que sean, logran hacer con la psique colectiva, con los medios de comunicación, con las redes; es decir, el grado en que cierto ataque consigue que la audiencia se sienta vulnerable o víctima en potencia. Así que van las buenas noticias y las malas, como parte de un mismo reporte que acaba de ser publicado.

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