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2018, las máximas de Peña

Raymundo Riva Palacio


El Financiero

El morbo de la sucesión presidencial corre, indiscutiblemente, por debajo de la piel mexicana, que lleva a que se escudriñen los gestos y las acciones del presidente Enrique Peña Nieto, para adivinar hacia dónde se inclinará el destape. No va a ser posible. Peña Nieto engaña, incluso, deliberadamente. Lo hizo en el Estado de México en la sucesión de gobernador, cuando un mes antes del destape de Eruviel Ávila, le confió a un grupo de comunicadores que la decisión estaba entre Alfredo del Mazo y Luis Videgaray. Lo está haciendo ahora. Lanza guiños a los periodistas, y juega con sus ansias, con un control pleno sobre el proceso de sucesión en sus manos, que se ajusta a sus deseos y el calendario.

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