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Manhattan vs. Texas: ¿qué sí y qué no es un acto terrorista?

Mauricio Meschoulam


El Universal

Un post en Facebook esta semana decía algo más o menos así: “Si un ataque es cometido por un africano, dicen que la causa fue violencia étnica; si es cometido por un musulmán, dicen que es por su religión; y si el atacante es blanco anglosajón protestante, entonces dicen que la causa es retraso mental”. De hecho, hubo incluso editoriales que critican a autoridades y medios por llamar únicamente “terrorismo” a ataques cometidos por jihadistas, como el de Manhattan hace unos días, y no usar ese lenguaje cuando se trata de un tiroteo como el de Texas. El error de esas afirmaciones, sin embargo, radica en asumir que el terrorismo es, de manera automática, una violencia “peor” que otras clases de violencias, cuando en realidad, solo se trata de violencias distintas. Se puede cometer un acto terrorista con un cuchillo sin causar decesos, o se puede perpetrar una masacre que ocasione centenares de víctimas cuya naturaleza no es terrorista. La diferencia entre ambos actos violentos no está determinada por el tipo de instrumentos utilizados, por el número de lamentables muertes o daños materiales causados; tampoco por la etnia, religión, nacionalidad, o preferencia política del atacante. La diferencia está en los móviles, en los fines y en los blancos reales del ataque. En todo caso, si de cualquier forma hay víctimas que pierden la vida, ¿por qué es importante saber cómo categorizar un crimen como el de Texas o el de Manhattan?

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