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Espiral retórica Washington- Pyongyang: los riesgos

Mauricio Meschoulam


El Universal

Las últimas semanas hemos visto escalar el discurso amenazante entre Trump y Kim Jong-un. Primero Trump advirtió a Kim que era “mejor no seguir amenazando a EU”, porque esas amenazas “encontrarían fuego y furia como el mundo nunca ha visto antes”. Luego, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, Trump dijo que, si EU fuese obligado a defenderse o a defender a sus aliados, no le quedaría alternativa sino “destruir totalmente” a Corea del Norte. Pyongyang respondió que estaba considerando el más alto nivel de “contramedidas de línea dura en la historia”. El lunes, el ministro del exterior norcoreano dijo que en vista de que Washington había declarado la guerra a Pyongyang, ésta se reservaba el derecho de derribar aviones estadounidenses incluso si éstos no se encontraban sobrevolando espacio aéreo de Corea del Norte, pues ello era un acto de legítima defensa garantizado por la ONU. Ahora bien, muy a pesar de esa altisonante retórica, no parece haber, por ahora, signos de que un conflicto armado sea inminente. Por ejemplo, hasta el momento, no hemos visto evacuaciones de los 120 mil estadounidenses, o siquiera de una parte de ellos, o de los miles de diplomáticos, empresarios y personal extranjero –o sus familias- que se encuentran laborando en Corea del Sur. Por tanto, es probable que Trump esté usando, una vez más, la percepción de su carácter como impredecible, para sacar ventajas del uso de esa retórica. El problema es que el jugar con un discurso amenazante, y luego no cumplir las amenazas proferidas, también conlleva riesgos. Y ese es justamente el peligro de la estrategia. Claro, asumiendo que se trate de una estrategia y no sea Trump hablando desde su estómago, algo que nunca puede descartarse.

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