Asociados en la prensa http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa Sat, 27 May 2017 12:17:24 -0500 Joomla! - Open Source Content Management es-es ¿Políticas públicas? http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6132-politicas-publicas http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6132-politicas-publicas

Un reportaje firmado por la periodista Martha Martínez, titulado “Miseria en la cuna de Solidaridad” (Frontera, 22/05/2017, pp. 32-33), da cuenta del fracaso del Programa (Nacional de) Solidaridad, el que fuera el programa social estrella durante la administración de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994). 

Como es sabido, Salinas de Gortari fue el artífice de la transformación del modelo de crecimiento económico en nuestro país. Sentó las bases para lo que ha sido el largo camino neoliberal hasta nuestros días. Desde entonces han pasado 4 presidentes de la República (dos del PRI y dos del PAN) y las políticas económicas y sociales no se han modificado en lo sustantivo. En todo caso, la demonización de Salinas de Gortari proviene de un  deslinde, más por cuestiones político-ideológicas, que por razones de tipo técnico-económico. “Liberalismo social”, le llamó Salinas de Gortari a su estrategia compensatoria para paliar los estragos del ajuste económico, vía privatización y contracción gubernamental. 

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beto@iconograph.com.mx (Víctor Espinoza) Asociados en la prensa Wed, 24 May 2017 15:37:19 -0500
Estados Unidos y México: el autoengaño http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6131-estados-unidos-y-mexico-el-autoengano http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6131-estados-unidos-y-mexico-el-autoengano

La que hace décadas era la economía del trasiego de drogas, influida directamente por los mecanismos de la oferta y la demanda a los que se refirieron los funcionarios estadunidenses, hoy es una economía diversificada que incluye numerosas modalidades de delitos, muchas de ellas independientes del tráfico de drogas. Tanto es así que esta economía ha podido resistir con éxito la legalización del uso terapéutico y lúdico de la mariguana en varios estados norteamericanos y una producción cercana a la autosuficiencia.

 

 

Centrar una estrategia de reducción de la violencia en hacer ver a los consumidores de drogas estadunidenses el mal que hacen a México, como lo declaró John Kelly, parece más bien el mensaje de un pastor cristiano que la declaración de un estratega responsable de la seguridad interior del vecino. “Si los americanos entendieran que usar drogas por diversión automáticamente termina en pérdidas de vidas en México, Colombia o Centroamérica y en la muerte de periodistas, policías, soldados… se reduciría significativamente el dinero proveniente de los enervantes y, en consecuencia, las ganancias que generan”. El Presidente al que representan los mencionados funcionarios ha fomentado un arraigado sentimiento antimexicano en vastas regiones de su país. El argumento de Kelly es peligroso, pues los puede invitar a consumir más drogas.

 

La premisa de la declaración de Kelly es la racionalidad del consumidor. Un autoengaño probado a saciedad por la corriente de la economía conductual, por la crisis financiera de 2008, en la que miles de individuos aprovecharon la desregularización para destruir la economía, incluyendo la suya y, sobre todo, por los frecuentes ejemplos de nuestra vida diaria, incluyendo el resultado irracional de las elecciones en Estados Unidos. El componente irracional (o incomprensible) de la conducta humana es, en muchas circunstancias, el que prevalece. Kelly también hizo gala de ignorancia al declarar que en Estados Unidos nunca se había intentado reducir la demanda de drogas. Pero durante el gobierno de Reagan se lanzó la campaña Just say no (Simplemente niégate), en la que —como hoy—  también se quiso incluir a Hollywood. La industria cinematográfica y los consumidores just said no  a las buenas intenciones de Reagan.

 

En cuanto a la responsabilidad compartida, es un mito y no precisamente genial. La carga y los costos de contribuir a la seguridad del vecino, los muertos, la violencia, el tráfico de armas, la proliferación de delitos, nada de eso es compartido. Es verdad que Estados Unidos ha compartido inteligencia para llevar a cabo una estrategia de descabezamiento de los cárteles, lo que constituye un ejemplo de libro de texto del tipo de acciones que provocan “consecuencias no deseadas”.

 

El último caso de las consecuencias no previstas es el de la cruenta guerra por el control territorial de los dominios del Cártel de Sinaloa, desatada a raíz de la deportación de El Chapo Guzmán a Estados Unidos. La detención de El licenciado, Dámaso López, ha sido señalada como una de las causas que llevaron al asesinato del periodista y escritor Javier Valdez. Carlos Lauría, del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), describe en The New York Times la conversación que tuvo con Valdez el 5 de mayo: “Javier sonaba incómodo y dijo que el clima en Culiacán era tenso. Dijo que había decidido no hablar públicamente de la violencia de los cárteles después de la detención del líder del jefe sinaloense”.

 

El alambicado reglamento del Mecanismo para la protección de personas defensoras de  derechos humanos y periodistas, otro autoengaño, éste del gobierno mexicano, descansa conceptualmente en el deseo del periodista a ser protegido. Éste no es un caso muy común dada la desconfianza que hay hacia las autoridades gubernamentales encargadas de la seguridad, especialmente las locales. Al parecer ese fue el caso de Javier Valdez, que no pidió protección. Pero la obligación del Estado es proteger a estos defensores de la libertad de expresión. El artículo 52 del reglamento plantea: “Cuando no medie solicitud, si una entidad conoce una situación de riesgo en la que se encuentre una persona defensora de los derechos humanos o un periodista, deberá hacer de su conocimiento a la Unidad de Casos  y Reacción Rápida para que se realicen las diligencias necesarias, a fin de contactar a las personas y, en caso que se otorgue consentimiento, se inicie el procedimiento”. Esto no se hizo y se facilitó el atentado contra el periodista. Hoy hay que proteger a RíoDoce, esclarecer el asesinato de Javier Valdez, rediseñar el mecanismo de protección fuera de Gobernación, darle recursos como ha demandado la CNDH y, sobre todo, dejar de autoengañarse.

 

Fuente: Excélsior

Twitter: @ceciliasotog

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beto@iconograph.com.mx (Cecilia Soto) Asociados en la prensa Mon, 22 May 2017 18:02:31 -0500
Días de perros http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6130-dias-de-perros http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6130-dias-de-perros

 

Se le llama así a esos días de insoportable calor en pleno verano y no porque algo tengan que ver con los también conocidos como mejores amigos del hombre. No, la referencia es más bien astronómica y alude a un acontecimiento en la constelación de Can, que coincide con los meses de julio a septiembre, los más calurosos en la Europa mediterránea.

En México este mayo ha sido insoportablemente caluroso. Los días de perros se nos han adelantado, exacerbando lo mismo los niveles de contaminación que los de irritación. Las cosas no están como para desahogarse haciendo ejercicio físico y entonces no nos queda más que la contemplación, la lectura y el letargo, elementos indispensables para las mentes traviesas, o malignas, dirían algunos.

<p>Termino de leer una novela de Philip Roth, el gran Philip Roth, que aunque situada en los años 40 del siglo pasado bien podría ser una crónica contemporánea, o un texto futurista. The Plot Against America nos lleva a ese periodo de la historia en el que, ante la sombra nazi-fascista que se proyectaba sobre el mundo proveniente de Europa, algunos en Estados Unidos de América abogaban por la no participación, por la neutralidad en el conflicto mundial que se avecinaba.

Liderado por algunos de los republicanos más profundamente de derecha, el movimiento en contra del involucramiento tomó el sencillo y simplista nombre de “America First”. Sus simpatías y afinidades con la Alemania nazi se fueron haciendo cada vez más evidentes, como lo fue también su creciente (o más impúdico) antisemitismo. Roth imagina un escenario en el que las fuerzas aislacionistas ganan la presidencia de EU en 1940 con un candidato épico, el piloto Charles Lindbergh y comienzan a implementar sus políticas discriminatorias y de odio.

Más impactante aun es la manera en la que, en la novela, muchos estadounidenses comunes y corrientes, blancos y cristianos, hacen suyas esas medidas y, alentados por el discurso de odio y exclusión de la Casa Blanca, revelan el feo rostro de la discriminación tras la máscara de civilidad WASP que usan diariamente.

Tanto o más impresionante es ver cómo las instituciones diseñadas para ser contrapeso del poder ejecutivo fracasan, o ni siquiera intentan cumplir con su función básica, primordial. Ni el poder legislativo, ni el judicial, ni el autodenominado cuarto poder de los medios de comunicación pueden, o quieren, acotar los ímpetus nazi-fascistas de Lindbergh y sus aliados.

Las coincidencias con lo que hoy sucede en EU son obvias, y hacen de esta obra, probablemente la mejor de Roth, una advertencia para actuales y futuras generaciones: no importa el maquillaje, los andamios, la escenografía, las democracias son solo tan fuertes como las sociedades, los valores, los individuos que las conforman.

Y ahí, para nosotros en México, una moraleja: hay que concentrarse en identificar a los verdaderos enemigos de la democracia, de la sociedad, del país mismo, y dejarse de retórica y politiquería baratas.

Hace unos días reflexionaba yo al respecto en redes sociales, a propósito del conflicto huachicolero y de los asesinatos de periodistas. Las reacciones me sorprendieron y entristecieron: la gran mayoría culpa al gobierno de todo, y tienen razón en lo que a omisiones, corrupción, complicidades (personales o institucionales) respecta. Pero nadie, nadie, culpa al narco, al crimen organizado que se ha metido en todos los rincones de este nuestro país.

Ese es nuestro enemigo y sería bueno recordarlo antes de que, en medio de las campañas electorales, se nos olvide de nuevo.

 

Fuente: El Universal

 

 

Twitter: @gabrielguerrac

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beto@iconograph.com.mx (Gabriel Guerra) Asociados en la prensa Mon, 22 May 2017 17:52:16 -0500
Atrás o adelante http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6127-atras-o-adelante http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6127-atras-o-adelante

Lo único implacable de la vida es el tiempo que ya pasó y así, en materia política, el país se acerca al inicio de la sucesión presidencial. Se afinan las posturas, afloran múltiples candidaturas y, poco a poco, se va perfilando la última etapa del ciclo sexenal. Como escribiera Miguel de Cervantes, “no es posible que el mal ni el bien sean durables… así que no debes congojarte por las desgracias…” El panorama se aclara, evidenciando las carencias, sobre todo la obvia: por qué, después de tantas décadas de reformas y buenos deseos, el país sigue atorado, siendo incapaz de dar ese gran salto adelante que caracteriza a tantas sociedades exitosas en el mundo.

En su discurso de aceptación del premio Nobel, Albert Camus anticipó lo que le ha pasado a nuestro país en estas décadas: “Indudablemente cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe que no lo logrará… Heredera de una historia corrompida, en la que se mezclan las revoluciones fracasadas… y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no sabe convencer…”

Todos los gobiernos llegan a su inauguración con la certeza de que ellos sí sabrán cambiar al mundo, que todos sus predecesores eran torpes e ineptos. Quizá nadie como Trump en este sentido, pero el fenómeno es universal: por promesas ningún candidato para; todos creen que dejarán una huella imborrable, los cimientos del futuro. Así comenzó el gobierno del presidente Peña, quien, con toda fanfarria, lanzó una serie de iniciativas y estrategias, tanto de reforma como de forma de gobernar, que acabaron arrojando un saldo mixto: avances legislativos (casi) sin precedente, pero una realidad cotidiana en creciente deterioro. Parte de esto fue producto de las contradicciones inherentes al propio gobierno, pero mucho de ello no distinto a lo que le ha ocurrido al país en el último medio siglo.

La contradicción de fondo no es privativa del gobierno actual: es la misma piedra con la que se han tropezado todos los gobiernos desde los ochenta. En días pasados tuvimos una ventana de oportunidad que permitió observar uno de los muchos ejemplos que ilustran la incapacidad de romper con el viejo sistema político. El caso de los ladrones de combustibles, los llamados “huachicoleros,” es sugerente del problema de fondo; más allá del enorme costo tanto económico como de legitimidad para el sistema de gobierno que representa la impunidad en este y todos los demás asuntos nacionales, la realidad es que no existe incentivo alguno para limitar, impedir o castigar a quienes incurren en este delito por una razón muy simple: hay huachicoleros que son detenidos hasta dos y tres veces en un mismo día y, luego de pagar una multa simbólica, salen en libertad para seguir con sus fechorías. Lo hacen porque no es un delito grave, es decir, que no implica cárcel; por lo tanto, aún con las policías que tenemos, el incentivo para aprehender a estos delincuentes es negativo porque no hay consecuencias. La pregunta relevante no es por qué se roban el combustible (eso es obvio), sino por qué no se trata de un delito grave que sirviera, al menos en principio, como un factor disuasivo. La respuesta evidente es que hay poderosos intereses políticos, sindicales y criminales que se benefician del statu quo y tienen el poder suficiente, o la capacidad de amenaza necesaria, para preservarlo.

Lo mismo es cierto en todos los ámbitos de la vida nacional: no hay reforma -económica, política, laboral o de derechos civiles o humanos- que no afecte a poderes enquistados que, por décadas, han depredado del sistema y expoliado al erario de manera directa o indirecta. Esos intereses han logrado que las reformas, desde las modestas hasta las más ambiciosas, nunca lleguen a arrojar todos sus beneficios, pues eso implicaría alterar el statu quo del cual se benefician. Así, las reformas no avanzan ni traen beneficios plausibles, creando un círculo vicioso: la reacción -y los reaccionarios- en este mundo las desacreditan, prometiendo retornar al mundo idílico del pasado. Y ahí se cruza la realidad cotidiana con el asunto electoral en ciernes.

La reciente elección francesa estableció un nuevo parangón. En contraste con la estadounidense del año pasado, en que Trump abrazaba posturas cada día más extremas y Hillary no hacía sino prometer lo mismo pero un poquito menos (ej. el TPP), los candidatos franceses no perdieron el tiempo: Le Pen proponía un retorno al pasado en tanto que Macron planteaba una ambiciosa agenda propositiva, benéfica y arrojada, lo vivido contra el futuro, la nostalgia frente a la esperanza. Me pregunto si habrá algún candidato en México capaz de plantear un futuro distinto, una oportunidad esperanzadora para una sociedad sumida en la desazón. Romper el círculo vicioso.

El pasado ya lo conocemos y ese es justamente el de los intereses que yacen detrás del poder del viejo sistema político y que, como ilustran los huachicoleros, no fueron perturbados ni por los gobiernos del PAN. México necesita un nuevo régimen político: ojalá los aspirantes que con tanto ahínco se pelean por las candidaturas, tengan también la visión, y el temple, para romper con el viejo régimen que todo lo carcome.

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beto@iconograph.com.mx (Luis Rubio) Asociados en la prensa Mon, 22 May 2017 16:53:36 -0500
¿El principio del fin? http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6126-el-principio-del-fin http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6126-el-principio-del-fin

No puede afirmarse a la ligera que los días de Donald Trump como presidente de EU estén contados. Sin embargo, después de pasar unos días en Washington, al menos en esa ciudad —la más politizada e informada en Estados Unidos— la impresión que me traje es que será muy difícil que el empresario concluya su primer período presidencial.

Es cierto que durante el proceso electoral cometió errores garrafales, dijo cosas por demás descabelladas y, al final, salía fortalecido en la imagen de rebelde anti sistémico que se propuso proyectar. Pero en la Casa Blanca no puede ser el irresponsable, el enfant terrible que le venga en gana. Está en su derecho de imponer un estilo propio de actuar y gobernar, pero no puede violar la ley sin que haya consecuencias graves. Y es probable que haya cruzado esa línea al menos en dos ocasiones.

Trump enfrenta dos asuntos que pueden poner fin a su presidencia y los dos tienen que ver directamente con Rusia. El primero se refiere a la destitución del director del FBI, James Comey, quien al momento de su defenestración estaba solicitando más recursos humanos y tecnológicos para investigar la manera en que los rusos intervinieron en la campaña presidencial y, específicamente, los nexos y apoyo que le habrían brindado a Trump. Cuando Richard Nixon dimitió a la presidencia, los cargos se centraban en un caso de espionaje de los republicanos a los demócratas en el Hotel Watergate. En el affaire Trump el asunto es más grave, pues no se trata de unos norteamericanos espiando a otros, sino del involucramiento de un gobierno extranjero en el proceso democrático de Estados Unidos. Cuando Comey se acercaba a resolver el caso, el presidente Trump lo cesó de manera fulminante.

El día siguiente a su destitución sería el peor que ha vivido Trump hasta la fecha. El director interino del FBI, Andrew McCabe, advirtió ante el Senado que podían remover al director de la corporación, pero la investigación sobre los nexos de Trump con los rusos continuaría. El Presidente nombrará a otro director del FBI, alguien que le sea leal y esté dispuesto a obstaculizar las investigaciones. Se barajan los nombres de Rudolph Giulani y de Chris Christie, ambos cercanos al ocupante de la Casa Blanca. Dependerá de la mayoría de senadores republicanos que el candidato de Trump sea o no ratificado. Lo más probable es que, si el nominado no da muestras de ser independiente, el Congreso lo rechazará. Otro golpe.

Si a este episodio sumamos la extrañísima reunión que sostuvo Trump con el canciller de Rusia, Sergei Lavrov, el rompecabezas comienza a completarse. A la Oficina Oval no tuvieron acceso más que la delegación rusa, incluido el fotógrafo oficial que también era ruso. El único registro gráfico que existe de esa reunión lo tomó un reportero de la agencia oficial de noticias de Moscú. Por supuesto no se emitió un comunicado conjunto, ni un informe de lo conversado esa tarde. Dos días después se sabría que Trump les confió información de inteligencia que a su vez Israel le había proporcionado a Estados Unidos. Se defiende Trump diciendo que como Presidente tiene el derecho para divulgar los secretos que le parezcan convenientes. Es cierto, tiene el derecho. Lo que no explica, y esto viene desde el día uno en que lanzó su campaña a la Presidencia, son las razones por las que admira tanto y es tan leal al gobierno de Vladimir Putin. En Washington se especula que la ayuda que recibió de los rusos durante su campaña debió ser tan relevante, tan considerable, que ahora en la Casa Blanca no sólo se ve obligado a pagarles el favor sino a poner en riesgo su propia presidencia para ocultar los acuerdos y los compromisos que fraguó con el gobierno ruso. Si el FBI persevera en sus investigaciones y los republicanos le retiran el respaldo político, seremos testigos de la presidencia más corta en la historia de Estados Unidos.

 

Fuente: El Universal

 

 

Twitter: @enriqueberruga

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beto@iconograph.com.mx (Enrique Berruga) Asociados en la prensa Fri, 19 May 2017 18:21:25 -0500
Francia: un electorado popular dividido http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6125-francia-un-electorado-popular-dividido http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6125-francia-un-electorado-popular-dividido

Por Yann Marcadet y Luz Elena Navarro Díaz

 

 Emmanuel Macron obtuvo poco más de 66% de los votos el domingo 7 de mayo en la segunda vuelta de la elección presidencial francesa. Muchos comentaristas se congratularon en seguida por esta victoria franca del candidato neoliberal. Menos s los que insistieron sobre el resultado histórico de la candidata del partido de ultraderecha Frente Nacional (FN), Marine Le Pen: nunca antes este partido había atraído a casi 34% de los votantes en una elección presidencial (Jean-Marie Le Pen, padre de Marine, soló obtuvo 18% en la segunda vuelta de la elección de 2002). ¿Cómo el FN logró alcanzar entonces este nivel de popularidad? Su éxito electoral relativo reside en los esfuerzos por captar al electorado popular.

 

Durante la campaña electoral, se organizaron encuentros políticos en muchas ciudades obreras, comunas rurales o ciudades portuarias, con el objetivo de ganar al electorado con dificultades sociales que sufre los impactos negativos de la globalización económica, como el desempleo, la desaparición progresiva del Estado de bienestar y el estancamiento de los salarios. Como consecuencia, los pescadores, agricultores y obreros se movilizaron masivamente hacia el FN: por ejemplo, según el Instituto Ipsos, 56% de los obreros votaron en la segunda vuelta por Le Pen.

 

Estos electores tienen la impresión de que la ascensión social es cada vez más difícil y el sentimiento de que los partidos de izquierda han fallado, abandonando poco a poco su tradicional discurso marxista para adoptar una postura favorable al libre mercado, proponiendo solamente unas medidas menores para regular el nuevo sistema neoliberal. El FN buscó entonces diversificar su discurso apropiándose temáticas sociales, como, por ejemplo, la defensa de la seguridad social. Una de las estrategias empleadas fue distribuir folletos simulando una carte Vitale (tarjeta del seguro médico francés) que indicaba “Con Marine, protejamos 100% la salud de los franceses”, para posicionarse claramente en contra de una posible privatización del sector.

 

Este discurso humanista contribuyó, así, a dar una imagen aceptable del partido de ultraderecha que tiene, sin embargo, otras ideas totalmente intolerables, como el rechazo visceral hacia los extranjeros y los musulmanes. La tendencia hacia un discurso social es parte de un esfuerzo de “desdiabolización” del FN que empezó cuando Marine Le Pen llegó a la presidencia del partido en enero de 2011. Además de obtener la simpatía de las clases populares, históricamente de izquierda, esta nueva dirección tenía que hacer olvidar las posiciones antisemitas de Jean-Marie, que repulsaba a millones de electores potenciales.

 

Hasta ahora, esta estrategia es exitosa. Sin embargo, parece que para continuar convenciendo a muchos electores de las clases populares, en el futuro el FN tendrá que combatir un nuevo adversario: la Francia Insumisa (FI) de Jean-Luc Mélenchon, movimiento de izquierda comparable a Podemos en España, que obtuvo un resultado inédito de 19% en la primera vuelta. La FI llegó incluso primera en muchas ciudades populares de Francia, como en el suburbio parisino o en Marsella. Tal vez, próximamente, esta izquierda ciudadana logrará atraer a más electores de las clases populares, hoy en día muy divididas electoralmente.

 

Fuente: Excelsior 

Twitter: @anahuac

 

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beto@iconograph.com.mx (Foro Internacional Anahuac) Asociados en la prensa Fri, 19 May 2017 18:17:08 -0500
No es lo que soñamos para ellos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6122-no-es-lo-que-sonamos-para-ellos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6122-no-es-lo-que-sonamos-para-ellos

 

En los años ochenta, los que vivíamos en el Distrito Federal escuchábamos infinidad de historias sobre la inseguridad que se padecía en la ciudad. Bastaba que en cualquier grupo alguien mencionara alguna experiencia negativa para que todos recordaran algún episodio personal o conocido. La mayoría afirmaba haber estado cercano a una experiencia con la delincuencia. Se hablaba mucho de delitos del orden común y menos de aquellos perpetrados por la llamada “delincuencia organizada”. En lo personal sufrí varios asaltos o robos en el periodo de cinco años que viví en la capital.

Se padecía una zozobra generalizada, pues se respiraba la vulnerabilidad, en gran parte derivada de las historias que se escuchaban. Es decir, la percepción de inseguridad era cotidiana. Se contaban experiencias terribles derivadas de abordar un “taxi libre”. Hoy, esa percepción del peligro cotidiano se ha extendido a gran parte del territorio nacional. Ya no se trata de un puñado de entidades donde la amenaza de padecer un delito es cosa cotidiana. Pero el problema se multiplica cuando agregamos los estragos de los actos cometidos por la delincuencia organizada. La violencia y crueldad han ido en aumento.

Es difícil sustraerse a esta amarga realidad. La filosofía de autoayuda o propaganda de motivación personal sucumben frente a lo que nos está sucediendo a los mexicanos. La inseguridad se asoma por todos los resquicios de nuestra vida cotidiana. Es peligrosísimo pues ante la primera reacción lógica de negarlo, surgen y se multiplican las voces pidiendo reaccionar con violencia a la violencia: ojo por ojo. Es común escuchar que lo que se requiere es “mano dura”, una especie de vengador oficial. La violación de derechos humanos pasa a segundo plano. Se pide a alguien que de un manotazo acabe con la delincuencia. La trampa es que sí existe quien se propone como el que hará el trabajo sucio para terminar con los delitos. Vaya trampa en la que estamos metidos

Es muy difícil ser objetivo cuando la muerte llega tan cerca. Cuando acaban con la vida de tantos jóvenes, de muchos quienes su único delito fue estar en el lugar y la hora equivocados. En el momento en que la violencia se generaliza, ni las precauciones sirven. Hoy nos sentimos destrozados por la muerte absurda de Adalberto Canto, un joven estudiante bajacaliforniano al que cortaron las alas y con ello destrozaron a sus padres, familiares y  amigos. No soporto el dolor de ver llorar a sus compañeros que no se explican por qué a él, por qué a Adal le hicieron ese daño. Estos jóvenes que dejarán de creer en el futuro del país, que estudian con ahínco para enfrentarse con esa realidad: un país donde la vida ya no importa, una sociedad que se desangra día a día. Donde la sensación es que cada vez la situación empeorará. 

Siento rabia, impotencia, tristeza infinita. Todos hemos fallado, pero la responsabilidad mayor es de las autoridades. No se vale escudarse en palabras vanas, o en responder que se va a “investigar hasta las últimas consecuencias”, es lo misma retahíla siempre que hay un episodio violento. Tampoco justificar su inacción aludiendo a que determinado problema no es del “ámbito de su competencia”. Al aceptar el cargo se asume una responsabilidad frente a la sociedad. Los funcionarios deben rendir cuentas y si no pueden con el paquete, “pues que renuncien” como diría Alejandro Martí.

Este país no es el que soñamos para nuestros hijos. Este país se encuentra al borde del precipicio. El Estado brilla por su ausencia; los ciudadanos se encuentran desamparados. Es un momento de decisión. El cambio ya no puede esperar. Lo tenemos que hacer por nuestros hijos, por nuestros padres, por la memoria de nuestros abuelos,  por nuestros amigos: por los padres de Adal, por los amigos de Adal; por los sueños truncos de nuestro sobrino sonriente

 

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beto@iconograph.com.mx (Víctor Espinoza) Asociados en la prensa Wed, 17 May 2017 18:19:53 -0500
No es lo que soñamos para ellos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6123-no-es-lo-que-sonamos-para-ellos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6123-no-es-lo-que-sonamos-para-ellos

En los años ochenta, los que vivíamos en el Distrito Federal escuchábamos infinidad de historias sobre la inseguridad que se padecía en la ciudad. Bastaba que en cualquier grupo alguien mencionara alguna experiencia negativa para que todos recordaran algún episodio personal o conocido. La mayoría afirmaba haber estado cercano a una experiencia con la delincuencia. Se hablaba mucho de delitos del orden común y menos de aquellos perpetrados por la llamada “delincuencia organizada”. En lo personal sufrí varios asaltos o robos en el periodo de cinco años que viví en la capital.

Se padecía una zozobra generalizada, pues se respiraba la vulnerabilidad, en gran parte derivada de las historias que se escuchaban. Es decir, la percepción de inseguridad era cotidiana. Se contaban experiencias terribles derivadas de abordar un “taxi libre”. Hoy, esa percepción del peligro cotidiano se ha extendido a gran parte del territorio nacional. Ya no se trata de un puñado de entidades donde la amenaza de padecer un delito es cosa cotidiana. Pero el problema se multiplica cuando agregamos los estragos de los actos cometidos por la delincuencia organizada. La violencia y crueldad han ido en aumento.

Es difícil sustraerse a esta amarga realidad. La filosofía de autoayuda o propaganda de motivación personal sucumben frente a lo que nos está sucediendo a los mexicanos. La inseguridad se asoma por todos los resquicios de nuestra vida cotidiana. Es peligrosísimo pues ante la primera reacción lógica de negarlo, surgen y se multiplican las voces pidiendo reaccionar con violencia a la violencia: ojo por ojo. Es común escuchar que lo que se requiere es “mano dura”, una especie de vengador oficial. La violación de derechos humanos pasa a segundo plano. Se pide a alguien que de un manotazo acabe con la delincuencia. La trampa es que sí existe quien se propone como el que hará el trabajo sucio para terminar con los delitos. Vaya trampa en la que estamos metidos

Es muy difícil ser objetivo cuando la muerte llega tan cerca. Cuando acaban con la vida de tantos jóvenes, de muchos quienes su único delito fue estar en el lugar y la hora equivocados. En el momento en que la violencia se generaliza, ni las precauciones sirven. Hoy nos sentimos destrozados por la muerte absurda de Adalberto Canto, un joven estudiante bajacaliforniano al que cortaron las alas y con ello destrozaron a sus padres, familiares y  amigos. No soporto el dolor de ver llorar a sus compañeros que no se explican por qué a él, por qué a Adal le hicieron ese daño. Estos jóvenes que dejarán de creer en el futuro del país, que estudian con ahínco para enfrentarse con esa realidad: un país donde la vida ya no importa, una sociedad que se desangra día a día. Donde la sensación es que cada vez la situación empeorará. 

Siento rabia, impotencia, tristeza infinita. Todos hemos fallado, pero la responsabilidad mayor es de las autoridades. No se vale escudarse en palabras vanas, o en responder que se va a “investigar hasta las últimas consecuencias”, es lo misma retahíla siempre que hay un episodio violento. Tampoco justificar su inacción aludiendo a que determinado problema no es del “ámbito de su competencia”. Al aceptar el cargo se asume una responsabilidad frente a la sociedad. Los funcionarios deben rendir cuentas y si no pueden con el paquete, “pues que renuncien” como diría Alejandro Martí.

Este país no es el que soñamos para nuestros hijos. Este país se encuentra al borde del precipicio. El Estado brilla por su ausencia; los ciudadanos se encuentran desamparados. Es un momento de decisión. El cambio ya no puede esperar. Lo tenemos que hacer por nuestros hijos, por nuestros padres, por la memoria de nuestros abuelos,  por nuestros amigos: por los padres de Adal, por los amigos de Adal; por los sueños truncos de nuestro sobrino sonriente

 

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beto@iconograph.com.mx (Víctor Espinoza) Asociados en la prensa Wed, 17 May 2017 18:19:53 -0500
Otro Alt–Control–Del http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6121-otro-alt-control-del http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6121-otro-alt-control-del

El domingo Juan Pardinas usa la acción de “Alt-Control-Del” como analogía de la urgencia de “reformatear” el disco duro de la política de seguridad y drogas en México. Después de 12 años de violencia y 210 mil muertos, Pardinas propone acertadamente que modifiquemos por completo la política y regulemos el uso de mariguana y otras drogas, para acabar con el tablero de la “guerra”. ¡Tan sólo este año van seis periodistas asesinados!

En el centro de este debate se encuentran dos leyes indispensables para fortalecer el marco legal y el diseño institucional del país para atacar la inseguridad y enfrentar al crimen organizado: la ley de seguridad interior y la ley de policías. Ambas llevan años empantanadas, en un debate entre sordos, que ya dejó de ser racional.

Urge darle un marco distinto a las Fuerzas Armadas, pero urge también garantizar que tengamos una policía de primer mundo. ¿Cómo regresar “paulatinamente” al Ejército y a la Marina a sus cuarteles, sin una policía que nos proteja? Los gobernadores llevan décadas eludiendo la responsabilidad de tener una policía profesional, eficaz, honesta. Son los primeros (es más fácil) en pedir ayuda a la Federación. Mientras tanto el crimen organizado sigue haciéndose más poderoso, con una posición dominante en más ámbitos de la economía y en nuevos mercados.

Estas dos leyes no se pueden trabajar ni ver como cosas aisladas. Son dos lados de la misma moneda: lo que se haga en materia de seguridad interior y lo que se haga para refundar las policías están íntimamente relacionados. En este debate, además del Ejecutivo y los legisladores, están involucrados expertos, académicos y organizaciones de derechos humanos. Como dice Pardinas, también en esto se requiere de “reformatear” el disco duro.

Hoy no hay una verdadera solución en la mesa. Hay que construirla entre quienes ya están trabajando en estos temas. Debemos encontrar la manera de tener una Policía Federal con 70 mil agentes, y el camino para construir verdaderas policías estatales, al mismo tiempo que se apruebe una Ley de Seguridad Interior.

 

Fuente: El Financiero

 

 

Twitter: @julio_madrazo

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beto@iconograph.com.mx (Julio Madrazo) Asociados en la prensa Wed, 17 May 2017 17:47:17 -0500
Lecciones de Macron para México y Estados Unidos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6120-lecciones-de-macron-para-mexico-y-estados-unidos http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6120-lecciones-de-macron-para-mexico-y-estados-unidos

El resultado electoral de Francia representa tres lecciones para México, pero también para Estados Unidos. La primera de ellas se refiere a la tasa de participación ciudadana, una más a la existencia de la segunda vuelta y la tercera al apego a y uso de la verdad.

La baja participación ciudadana en la jornada electoral es bastante común en los países donde no es obligatorio votar. Este mal es particularmente agudo en Estados Unidos en cuyas elecciones con frecuencia vota menos de 50% de los electores. En México, la tasa de participación es un poco más alta, hasta 63% en elecciones presidenciales, pero mucho más baja en comicios estatales y locales. En Francia, en cambio es mucho más alta, a pesar de que hay dos vueltas y que la elección para la Asamblea Nacional tiene lugar un mes después de la presidencial. Es decir, los franceses acaban votando cuatro veces en un espacio de dos meses y lo hacen de forma masiva. En esta última elección votó el 75%, porcentaje considerado bajo y explicado por la ausencia de los grandes partidos en la segunda vuelta.

La principal razón para la derrota de Marine Le Pen del Frente Nacional es, precisamente, la alta participación ciudadana. Su posicionamiento como candidata extremista hace casi imposible que pueda ganar cuando la enorme mayoría de los votantes sale a expresar sus preferencias. En Estados Unidos se tiene el fenómeno inverso: es el abstencionismo lo que permite que un candidato, y ahora presidente, impresentable como Donald Trump haya ganado. De su triunfo son también culpables todos aquellos que optaron por no ejercitar sus derechos ciudadanos. No pueden ahora argumentar que ellos no votaron por Trump y por lo tanto no tienen responsabilidad sobre lo que pase. La realidad es que su abstención hizo posible el éxito de un candidato extremista.

En México, la falta de participación ciudadana ha servido a lo largo de la historia para reducir el número de opciones y obstaculizar la alternancia. Es claro que el PRI se ha beneficiado históricamente de la baja participación y que tiene dificultades para salir avante en un cotejo electoral cuando es alta. La próxima elección en el Estado de México confirma este patrón ya que la viabilidad del PRI depende de la apatía ciudadana: si el voto es masivo, puede ganar cualquiera de los candidatos, si es escaso, ganará el PRI.

La siguiente gran lección del triunfo de Macron es la importancia de la segunda vuelta. No tanto como mecanismo para excluir opciones políticas como pudiera argumentar Morena en México (en el resto de América Latina casi todos los candidatos de izquierda que han ganado lo hicieron en segunda vuelta), sino porque su existencia permite que las barreras de entrada a la primera sean mucho más bajas.

En Francia es relativamente fácil anotarse para participar en la primera vuelta y formar un movimiento o partido político. Y es fácil ya que se sabe que la abrumadora mayoría de candidatos no puede seguir en la segunda vuelta a la que sólo pasan los dos punteros. Es decir, es la existencia de la segunda vuelta la que permite que las barreras de entrada a la primera sean franqueables y lo que explica que Emmanuel Macron haya podido formar un movimiento y una candidatura exitosos en tan sólo poco más de un año. En México, esto sería impensable. Por desgracia, ni Gustavo Madero cuando fue presidente del PAN y podía haber negociado la reforma constitucional para permitirla en el contexto del Pacto por México, ni el presidente Enrique Peña Nieto, tuvieron la altura de miras para ciudadanizar el proceso electoral y dar al votante la última palabra en la segunda vuelta. El primero prefirió hacer un INE aún más litigioso y supervisor, mientras que el segundo se rehusó bajo el argumento de que su partido no puede ganar en segunda vuelta, en lugar de buscar la transformación del PRI. Ahora es demasiado tarde para hacerlo.

La tercera gran lección se refiere al contenido de la campaña. En primer lugar, por el formato y calidad de los debates. En Francia Le Pen y Macron debatieron por dos horas y media sin intervención de moderadores. Intercambiaron ideas, proyectos, insultos e interrupciones sin cesar y permitieron a los electores formarse una idea de la calidad intelectual, discursiva y educación de los candidatos. En México no hay todavía debates, sino monólogos.

No obstante, lo más importante reside en el segundo elemento: Macron basó su campaña en decir la verdad y proponer a los franceses una visión que para muchos era controvertida. Se presentó como un candidato a favor de la apertura, del euro y la Unión Europea. Al hacerlo tomaba un riesgo relevante, pero también hacía de la elección una de clara opción: Le Pen en contra de la participación de Francia en el mundo y por la salida del euro y de la Unión Europea, mientras que Macron por una Francia globalizada y competitiva, y por lo tanto optimista. Ella, por un país que quiere regresar a un pasado mejor que quizá no existió nunca, y él por abrazar el cambio para mejorar la condición de una Francia abierta.

Una de las razones por las que perdió Hillary Clinton es que el votante promedio no sabía si ella hablaba con la verdad. Sobre todo en materia de comercio exterior: se había pronunciado a favor de la apertura, del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y del Acuerdo Transpacífico (TPP) y luego en contra. En cambio, sentían que Trump (y Bernie Sanders) les decían la verdad, que su oposición al libre comercio era genuina.

En el contexto del supuesto predominio de la post verdad, es refrescante que Macron haya ganado como un candidato que se apega a la verdad. Hay aquí una lección crucial para México en 2018: la clave para ganar estribará en proyectar una visión prospectiva de país contra la alternativa de querer regresar al México de hace 40 años que, bajo ningún parámetro objetivo, puede calificarse como mejor que la situación actual. Con la verdad, pues.

 

Fuente: El Universal

 

 

Twitter: @eledece

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beto@iconograph.com.mx (Luis de la Calle) Asociados en la prensa Wed, 17 May 2017 17:44:05 -0500
Edomex: ¿una final como la de España de 2004? http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6118-edomex-una-final-como-la-de-espana-de-2004 http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6118-edomex-una-final-como-la-de-espana-de-2004

Cuando el presidente Peña Nieto habló de la corrupción como un hábito cultural no estaba del todo equivocado. Quizá, extrapolaba a la nación lo que sí es una cultura en la clase política mexiquense. Mezclar política y negocios, negocios y política es un deber ser de la clase política priista de ese estado. Es un hábito, una necesidad reforzada por un sistema electoral que cada vez depende más de una caja paralela de recursos económicos. El éxito del profesor Carlos Hank González como político y como hombre de negocios tuvo un efecto-demostración perdurable en los cuadros mexiquenses. Su multicitada frase “Político pobre, pobre político”, es también una lección de estrategia electoral: las elecciones se ganan con maquinaria y ésta depende del dinero.

 

Es por esta naturalidad de la imbricación entre negocios y política que al presidente Peña Nieto le costó tanto trabajo entender que el affaire Casa Blanca representaba un conflicto de interés monumental, que Luis Videgaray siga sin ver conflicto alguno en recibir préstamos privados de un empresario que participaba en importantes licitaciones locales y federales, que Alfredo del Mazo, del PRI, no se haya pronunciado jamás contra las prácticas corruptas de la constructora española OHL que afectan directamente a los electores que hoy quiere conquistar y que Delfina Gómez, de Morena, también considere natural retener salarios de los servidores públicos, entregarlos a Higinio Martínez, el cacique, y tomarse la foto con los aliados de Elba Esther Gordillo quien está en prisión… por corrupción.

 

A diferencia de Josefina Vázquez Mota, que no se formó políticamente en el Estado de México, el único candidato, verdaderamente, local que no comparte esa actitud natural hacia el binomio política-negocios, es Juan Zepeda. No por magia: salió por más de una década del Estado de México, fue migrante en Estados Unidos y le tocó vivir en carne propia la extraña experiencia transformadora que sufrimos los mexicanos al cruzar la línea, allá no tiramos ni un papel porque la ley se cumple. Juan debe ganar por que no habla toluqués.

 

Juan Zepeda es el único candidato liberal que reconoce abiertamente los derechos de la comunidad LGBTTT, el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, a la economía del cuidado, a una mejora salarial, todos temas en los que el PRD ha sido pionero. Alfredo del Mazo se ha pronunciado explícitamente en contra del matrimonio igualitario, en contra de la interrupción legal del embarazo y en contra de la adopción por parejas gay y antes de la elección jamás se pronunció en contra del miserable salario mínimo. En cuanto a la candidata Delfina Gómez, el líder de su partido comparte la plataforma moral de las iglesias cristianas con las que Del Mazo hizo alianzas.

 

Ya se ha hablado mucho de la exitosa experiencia del municipio de Nezahualcóyotl en materia de seguridad, hoy motivo de estudios internacionales como un caso de éxito relevante. Pero también es notable la política pública a favor de los calentadores solares que uno puede ver en los techos de ese municipio y por el hecho de ser el único candidato que habla en términos metropolitanos, una realidad innegable entre la Ciudad de México y la entidad mexiquense.

 

¿Pero puede ganar Juan Zepeda? Esta elección me recuerda la presidencial de 2000 y la española de 2004. En la primera, 90% de las encuestas predecían el triunfo del PRI. Confundían la expectativa mayoritaria de que ganaría el PRI, porque siempre lo había hecho, con la intención del voto del elector. En esta elección, la gran mayoría cree que va a ganar el PRI, porque siempre lo ha hecho, al mismo tiempo una mayoría de encuestados expresa que ese partido sería uno por el que nunca votaría. Súmele a ese coctel imprevisible la experiencia de la elección general de España en el 2004, en la que en 4 días cambió radicalmente la intención del voto, no tanto debido a los atentados del 11 de marzo en la estación de trenes Atocha, como por el error del gobierno de Aznar de mentirle al pueblo español y echarle la culpa a ETA teniendo evidencias de la autoría del terrorismo islámico.

 

No espero ni menos deseo un hecho como el de Atocha, pero se acumula evidencia contra los dos candidatos aparentemente punteros: el vaso está casi lleno y en tres semanas bien puede llegar la gota que derrame la paciencia de los mexiquenses.

 

Fuente: Excélsior

Twitter: @ceciliasotog

 

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beto@iconograph.com.mx (Cecilia Soto) Asociados en la prensa Tue, 16 May 2017 18:00:20 -0500
¿Qué nos pasó? http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6116-que-nos-paso http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6116-que-nos-paso

Viajo por el país, a cada rato, por los más diversos motivos, y escucho, a donde voy, una misma serie de interrogantes: ¿Qué nos pasó? ¿En qué momento se nos fue el país? ¿Cómo pudimos permitir esto?

Criminalidad, violencia, crimen organizado, corrupción, complicidad, pérdida de valores, descomposición social, estancamiento económico. Crisis, crisis, crisis tan lejos como alcanza la vista, tan cerca como se estira la mano, ahí está, ahí se percibe y no, no está en nuestras mentes, pero lamentablemente sí está en nuestro ánimo, en nuestro espíritu.

Me llama la atención (no diré que me asombra porque hay cosas que trístemente tiene uno que dar por hecho) la enorme desconexión entre el sentir social por un lado y el hablar y accionar de las élites políticas y empresariales. Como en un tren sin frenos que corre a toda velocidad rumbo al precipicio, discuten acerca de cómo mejorar el desempeño de la máquina, si subir o bajar el sueldo de los maquinistas, cuál debe ser el menú del vagón comedor, a qué proveedor encargarle las piezas de repuesto. Y cómo beneficiarse en el proceso, obviamente.

Pero así como ellos están desconectados, desfasados, el resto de los ciudadanos no anda mucho mejor. Cada quien escoge a sus héroes y villanos, y no hay narrativa, no hay hecho contundente, que los saque de su caracterización, o mejor dicho de su caricaturización. Contrario a la más elemental lógica, cada quien acomoda las cosas para que se acomoden a su propia perspectiva.

Un buen ejemplo es el muy actual asunto del robo de combustible. A lo largo de muchos años, lo que era originalmente una operación hormiga se ha tornado en la marcha de los elefantes: las dimensiones del robo superan con mucho lo que en cualquier país mínimamente ordenado sería posible. A diferencia del narcotráfico, todo esto sucede a plena vista, en ductos perfectamente ubicados, con clientes altamente visibles, con la omisión o la franca complicidad de autoridades de todo nivel.

Y claro, en cuanto literalmente estalla el asunto, se politiza: el gobernador tal o cual, el partido equis o zeta, pero convenientemente se olvida que esto se ha dado en diferentes sexenios, en diferentes administraciones de Pemex, que los clientes no son solo pobladores de bajos ingresos, sino también empresarios gasolineros y grandes compañías que se aprovechan. Esas mismas cuyos directivos no paran de hablar de la necesidad de aplicar la ley y combatir la corrupción y la impunidad.

Podemos también hablar del combate al crimen organizado en su más amplia acepción. Y nos topamos con que lo fácil es descalificar la labor de las Fuerzas Armadas, pero nadie propone más allá de la retórica fácil y simplista. Y nadie, desde hace décadas, se ha ocupado en serio de formar, entrenar, equipar a policías estatales, a Ministerios Públicos, a jueces y funcionarios del sistema judicial.

Estamos ya en los finales de la segunda década del nuevo milenio. Hace cuando menos treinta, si no es que cuarenta años, que sabemos quién es el enemigo, de que tamaño son su alcance y poderío. Y más allá de lo que opinemos acerca de la legalización de las drogas, el hecho es que hemos permitido el surgimiento y consolidación de un poder alternativo al del Estado.

Ante la barbaridad que eso implica, ante el suicidio colectivo que significa permitirlo, nadie hace nada de consecuencia. El tren sin control sigue su marcha y los pasajeros discuten y se quejan del servicio y de la vista.

Mientras tanto, el precipicio, inamovible, nos aguarda.

 

Fuente: El Universal

Twitter: @gabrielguerrac

 

 

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beto@iconograph.com.mx (Gabriel Guerra) Asociados en la prensa Tue, 16 May 2017 17:54:36 -0500
Las barbas del vecino http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6115-las-barbas-del-vecino http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6115-las-barbas-del-vecino

Los procesos electorales en las democracias más consolidadas (como Gran Bretaña, Estados Unidos y más recientemente Francia) demuestran que algo se ha roto. En México nuestras fuerzas políticas actúan como si nada hubiese ocurrido. Un pensamiento mágico las debe hacer pensar que lo que ocurre en otras latitudes llegará a México, pero dentro de muchos años. Mi impresión, por el contrario, es que con este mundo global interconectado el efecto demostrativo se contagia (para bien o para mal) a velocidades mucho mayores que en el siglo anterior. Y digo que puede cambiar en cualquier sentido. Un mismo fenómeno, como la crisis del sistema de partidos, puede ser visto como una esperanza o como un símbolo de ruptura. La forma en que Trump barrió al establishment republicano generó preocupación entre los sectores que, en cambio, celebraban la erosión del sistema de partidos español. De forma similar, algunos sectores que mostraban una enorme preocupación e incluso indignación por el ascenso de Marine Le Pen, por el contrario, apenas comentaron algo de las utopías regresivas de Mélenchon. Y aunque no tenga mucho eco en los medios, la franja de la extrema izquierda en Francia no varía demasiado en proporción a la de la extrema derecha. Lo que ocurre es que las críticas a la globalización parecen gustar más a un sector de la izquierda cuando las formulan los profesores de Podemos, con ecos latinoamericanos, que cuando las formulan Le Pen y Trump con ecos xenófobos. Y se entiende que condenen la xenofobia, pero en el fondo coinciden en la crítica que hacen a la globalización y su nostalgia por restaurar un estado nacional que controle el proceso económico. Tienen bastantes puntos en común. Aquí en América del Norte nos encontramos con la paradoja de que las voces críticas del TLCAN encontraron en Trump su principal paladín.  Ironías.

Más allá de las valoraciones ideológicas y de las extrañas coincidencias que estamos viendo, hay un elemento perturbador y es que la inconformidad y la indignación (que por alguna razón la izquierda consideraba su patrimonio exclusivo) hoy de manera estridente y electoralmente eficaz retoma la derecha más ramplona. 

¿Habrán pensado que la derecha más radical podría articular el descontento? ¿O creemos que siempre circulará por la izquierda que algo tiene de victimista, pero que siempre ha mantenido la línea del juego institucional?

Los efectos de este descontento merecen un análisis más profundo, pero no podemos omitir transformaciones enormes en la forma en que se llevan a cabo los procesos electorales en esos países. Me remito a dos que son palmarios. El primero es el modelo de comunicación política, basado en la supremacía de la televisión y el supuesto efecto de los spots en el ánimo del electorado. Si algo salta a la vista es que si bien la televisión conserva una enorme capacidad de influir, su monopolio es cada vez más discutido en el terreno de las opiniones y en la conformación de corrientes de simpatía por redes sociales y agregados. Trump compró bastante menos spots que Hillary Clinton. Su cuenta de Twitter sigue siendo su arma más poderosa, como por cierto lo fue el Facebook para el Bronco, me permito recordar. 

La segunda es que los partidos políticos dejaron de ser mecanismos indispensables para ganar una elección. El ascenso del populismo, diestro o zurdo, es un reflejo del desgaste de las dirigencias partidistas y todo el sistema de representación. Trump borró a los republicanos. Los conservadores británicos sucumbieron al discurso del UKIP y Macron borró a los partidos tradicionales. ¿En serio creen que en México es imposible que ocurra algo así en un futuro no lejano?

 

Fuente: El Universal

Twitter: @leonardocurzio

 

 

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beto@iconograph.com.mx (Leonardo Curzio) Asociados en la prensa Tue, 16 May 2017 17:50:36 -0500
Cambiar para no cambiar http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6113-cambiar-para-no-cambiar http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6113-cambiar-para-no-cambiar

Los reformadores mexicanos me recuerdan a aquella famosa predicción del basquetbolista de los NY Knicks, Micheal “Sugar” Ray Richardson, de que su equipo era “un barco que se estaba hundiendo.” Cuando un periodista le preguntó ¿qué tanto se podría hundir?, la respuesta fue “el cielo es el límite.” Las contradicciones son inherentes a nuestro sistema de gobierno, diseñado para que todo cambie y que, al mismo tiempo, todo siga igual.

Desde los ochenta, el país se embarcó en un proceso de reforma con un objetivo público muy claro, pero con una agenda privada al lado. Lo público era elevar la productividad con la meta de, por ese medio, incrementar las inversiones y, con ello, la generación de riqueza y empleos bien remunerados. El proyecto era técnicamente impecable porque revelaba una comprensión cabal de la naturaleza del problema, al menos en términos económicos.

El país se había estancado porque tenía una economía endogámica donde proliferaban los monopolios públicos y privados, en la que los negocios de los políticos condicionaban el desarrollo de la economía y donde los sindicatos determinaban qué avanzaba y qué se estancaba. El llamado "sistema" trabajaba para un solo objetivo: preservar y aumentar los privilegios de la clase política, descendiente de la "Familia Revolucionaria" que, por haber ganado aquella batalla épica, se sentía dueña del país, de sus recursos y de su futuro.

Aunque es evidente que mucho ha cambiado, lo que permanece de aquel mundo es esclarecedor. Ejemplos no faltan: hay mucha demanda de empleo y mucha oferta pero, gracias a los sindicatos magisteriales (en todas sus variantes), que siguen privilegiando el control sobre la educación, muchos demandantes de empleo no cuentan con las habilidades requeridas. Otro ejemplo: gracias al negocio de políticos y sindicatos tenían el monopolio de las pipas de Pemex, el país cuenta con muchos menos gasoductos y oleoductos de los que requiere una economía que aspira a crecer con celeridad. Un último ejemplo: no se si algún mexicano se ha percatado que tenemos un pequeño problema de seguridad, justicia, corrupción e impunidad, pero parece evidente que eso no le es obvio a quienes son responsables de la conducción de los asuntos nacionales a todos los niveles de gobierno; quienes han detentado el poder y sus candidatos ven este asunto como una mera molestia.

Es en este contexto que habría que evaluar reformas como la de energía, educación y el propio TLC, para no hablar de asuntos como la corrupción y la reforma de justicia: la condición sine qua non para que crezca la inversión es la certidumbre jurídica y patrimonial, misma que es imposible en la medida en que persista -en la práctica legal y burocrática- el viejo sistema político y los criterios que lo animaban. El reto que esto impone en materia de energía es enorme. Justicia, seguridad y crecimiento económico van todos de la mano.

México es reconocido alrededor del mundo por las reformas que, desde hace tres décadas, comenzó a emprender. Sin embargo, comparado con otros países también reformadores, nuestro progreso ha sido menor por la agenda privada que ha acompañado a las reformas: todo se vale mientras no amenace los intereses y privilegios de los beneficiarios del sistema político de antaño. Tan arraigado es el criterio que hasta las dos administraciones panistas lo preservaron. La forma en que se ha conducido el gobierno federal en la contienda electoral del Estado de México es sugerente: todo se vale para que no se amenace el statu quo.

"El fin podría justificar los medios, escribió Trotsky, siempre y cuando haya algo que justifique el fin." El problema es que el fin implícito de las reformas es que nada cambie y, por lo tanto las reformas acaban siendo enclenques e insuficientes, al menos en su implementación. Por supuesto que todas las reformas, en México y en el resto del mundo, de facto incorporan las realidades del poder y, en ese sentido, no se puede comparar procesos de reforma como los de Corea, Chile o China con el mexicano, pues ahí hubo gobiernos duros que impusieron su ley.

Pero nuestro caso es peculiar también en otro sentido: hemos llevado a cabo una transición política que no cambió la realidad política. Tenemos una nueva realidad electoral y de libertades pero no un nuevo régimen político. Desde esta perspectiva, el objetivo implícito de las reformas -preservar los privilegios- ha sido absolutamente exitoso.

La pregunta es a qué costo: el país lleva décadas creciendo a un magro 2% en promedio; la población reclama mejores niveles de vida pero, gracias a los privilegios, no ha tenido acceso a la educación que permitiría lograrlos; la inversión crece, pero muy por debajo del potencial; la inseguridad destruye negocios, familias, expectativas y, por encima de todo, la confianza que es clave para el progreso. Todo esto ¿a cambio de qué?

La disyuntiva es clara: damos el paso hacia adelante o seguimos en la pretensión del cambio pero la realidad de la corrupción y la impunidad. Peor: lo poco o mucho que han avanzado las reformas está en entredicho por la amenaza externa e interna y sin una población dispuesta a defender lo que no siente suyo.

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beto@iconograph.com.mx (Luis Rubio) Asociados en la prensa Sun, 14 May 2017 17:25:37 -0500
La muerte no tenía permiso http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6110-la-muerte-no-tenia-permiso http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6110-la-muerte-no-tenia-permiso

En mi infancia las noticias de asesinatos cimbraban a la comunidad. La información corría como “reguero de pólvora” por todo el pueblo. La mayoría de los tecatenses conocía al muertito y entonces la tragedia tenía nombre y apellidos. Estoy hablando de los homicidios, aunque las “muertes naturales”, también eran motivo de comentarios y congojas: todo mundo lamentaba el deceso y se apuntaba al velorio.

La muerte era vista como un acontecimiento y una tragedia. Todos nos sorprendíamos por la pérdida. Conocíamos a los difuntos, la mayoría de las ocasiones resultaba pariente o alguien con quien se coincidía. Un asesinato con estas características implicaba darle rienda suelta a la imaginación. Nos convertíamos en una suerte de investigadores privados dispuestos a resolver el enigma. 

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beto@iconograph.com.mx (Víctor Espinoza) Asociados en la prensa Wed, 10 May 2017 17:39:15 -0500
Alterar la verdad también es corrupción http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6109-alterar-la-verdad-tambien-es-corrupcion http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/6109-alterar-la-verdad-tambien-es-corrupcion

Tengo que concluir que se trata de un hecho alternativo a la Trump: si no me gusta, no existe. No encuentro en el libro una sola mención a los esfuerzos de la sociedad civil, activistas, académicos y legisladores por crear un Sistema Nacional Anticorrupción, plasmados en las reformas constitucionales y legales de mayo de 2015 y en las batallas por dotar esas reformas de herramientas que le permitan consolidarse. Lo más es una alusión a las “recientes reformas aprobadas como un paquete anticorrupción”.

Durante 2015, más de 630 mil ciudadanos dieron su firma para respaldar la iniciativa ciudadana que dio lugar a la ley conocida como 3de3, aprobada en febrero de 2016. Ellos, las organizaciones civiles y los miles de activistas que se movilizaron para recolectar las firmas, no existieron. ¿La causa? Todos tienen, al menos, un defecto: no los movió la inspiración de un líder, la palabra evangélica que ordenara hacer de la honestidad la nueva cruzada, tampoco representan al “México profundo” mesoamericano que, según él, es inherentemente “decente”. La mayoría de los activistas son, descaradamente, urbanos, horizontales y antiautoridad vertical, los mueve la convicción del poder ciudadano, de los beneficios de la transparencia, son veteranos de las redes, de las experiencias con parlamento abierto, de la transformación —aunque sea momentánea— de los legisladores bajo la presión de la opinión pública. Ellos construyen la opinión pública.

La construcción del Sistema Nacional Anticorrupción parte de una premisa, fruto de pésimas experiencias con los llamados “zares anticorrupción” (o secretarios de la Función Pública) y de la observación de experiencias internacionales exitosas para limitar la acción corrosiva de la corrupción: la clave no está apenas en los individuos ni en la voluntad política del Presidente o de los titulares de algunas dependencias, porque, tanto los individuos como el compromiso de estos con la honestidad es variable y, si creemos en la democracia y en la necesidad de celebrar elecciones, puede depender de los resultados electorales.

Se trata de construir y consolidar un sistema de instituciones interdependientes que puedan reforzarse mutuamente y que vayan construyendo códigos de conducta, mecanismos de prevención, vigilancia y sanción que sean transversales a los tres poderes, a los organismos autónomos y a los poderes federales, subnacionales y municipales. Es un sistema con energía propia: le viene de ordenamientos legales, de la presión de la sociedad civil que contribuyó a su construcción, de la prensa. No debe depender sólo del ejemplo prístino de un aspirante a santo instalado en Los Pinos.

Dice el libro que firma Andrés Manuel López Obrador: “Si el presidente es honesto, ese recto proceder tendrá que ser secundado por los demás servidores públicos”. Y enfatiza: “Reitero: la erradicación de la corrupción depende principalmente de que en esa tarea se involucre la voluntad política y la capacidad de decisión del titular del Ejecutivo y de la autoridad moral de los gobernantes”. No sólo aboga por un combate basado en el voluntarismo, que haría indeseable el cambio de titular del Ejecutivo, sino que parte de la concepción de un sistema estrictamente presidencialista, que ya sólo existe en las ediciones obsoletas de la Constitución de 1917.

Igual que en el combate a la delincuencia, y la corrupción es una modalidad de ésta, el foco no es el individuo, pues todos somos, potencialmente, ángeles o demonios. El éxito deriva de la ecología total que propicie que sean nuestros mejores instintos y principios los que prevalezcan. Se trata de una tarea larga y compleja. Los gobernantes honestos son apenas una variable de la ecuación, incluyendo los que no alteran la verdad.

 

Fuente: Excélsior

 

Twitter: @ceciliasotog

 

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beto@iconograph.com.mx (Cecilia Soto) Asociados en la prensa Mon, 08 May 2017 18:25:41 -0500