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¿Por qué Sí a una ley de partidos políticos? (segunda de dos partes)

Escrito por Solange Márquez el .

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El Universal 

La semana pasada hacíamos una crítica a los principales argumentos por los que algunos expertos aseguran que México no necesita una Ley que regule a los partidos políticos. Mencionaba en aquella ocasión el despropósito que tiene catalogar a los partidos -como hacen algunos- como mera maquinarias electorales y con ello, desnaturalizarlos y eliminar una parte sustancial de ellos que tiene que ver con la representación de los ciudadanos en el ejercicio del poder.

 

En este sentido, el segundo argumento que suele utilizarse es que independientemente de la denominación que se le ponga, en México ya existe una Ley General de Partidos que se aplica y funciona: el Cofipe.

Es cierto que el libro segundo del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe) contiene en buena medida la reglamentación de los partidos políticos: disposiciones generales, reglas para la constitución de un partido político; registro de los mismos, sus derechos y obligaciones, las causales para perder el registro, incluso asuntos internos de fiscalización y manejo de recursos así como su régimen fiscal, etc.

Sin embargo, si retomamos la exposición citada en el apartado que antecede acerca de la naturaleza no sólo electoral sino política de los partidos políticos queda entonces descartada la posibilidad de que sea un código electoral el que rija la vida de entidades de interés público que no únicamente tienen esos fines.

Se critica la propuesta de creación de una Ley de Partidos Políticos comparándola con un mero cambio de nombre sin comprender que en la legislación existen ejemplos perfectos de instituciones o materias reguladas por una Ley en el mayor porcentaje de su materia pero que algunos puntos pueden ser incluidos en otra normatividad sin que ello menoscabe la importancia de ninguna. Ejemplo de ello sería la Ley Federal de Responsabilidad de los Servidores Públicos y Ley Federal de Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos.

Para que podamos establecer que una ley regula una determinada materia debemos ser capaces de identificar al menos dos características: objeto y contenido.

El objeto de la ley es la parte dispositiva de la norma en la que se identifica la materia o asunto que se pretende regular. Es real, fáctico, viable y único.

En el caso del Cofipe, éste es un código que regula "instituciones y procedimientos electorales", no establece como objeto a los partidos políticos, más aún, ni siquiera establece para estos una definición que, en términos de la legislación y la normalidad política del país vaya más allá de su función electoral.

Por supuesto que, una vez más, si se considera a los partidos solamente en su función electoral es posible mantenerlos en el Código electoral, sin embargo aún en este sentido el código ya resulta incompleto pues habría que añadir materias que dejarían de ser propias del ámbito electoral.

El contenido de la ley, por su parte, deberá ser acorde al objeto y deberá ser homogéneo y mantener la unidad. El Cofipe regula la materia electoral pero al adentrarse en la dinámica interna de los partidos políticos, en los derechos y obligaciones de los militantes, entre otros temas, está sobrepasando su propio objeto.

Finalmente es preciso señalar que incluso la Constitución Política reconoce en los partidos políticos actividades y responsabilidades que van más allá de la obtención del voto (como la educación, la capacitación, la investigación socioeconómica y política, entre otras)

Conclusiones

En resumidas cuentas, los partidos políticos no son únicamente maquinas electorales y afirmar esto es querer cerrar los ojos no únicamente a la teoría política científica sino peor aún a la realidad. Hoy por hoy los partidos políticos en países como el nuestro pueden representar o bien un contrapeso importante en la toma de decisiones o bien pueden colaborar con el gobierno en turno y generar gobernabilidad.

Ahora bien ¿qué otros contenidos debería tener esta ley que no se encuentren ya en el Cofipe?

Son cuatro rubros que, además de lo que ya contempla el Cofipe, los que proponemos debería observar en una primera aproximación para que de esa manera coadyuve a determinar el tipo de sistema de partidos y en última instancia el tipo de sistema político que deseamos.

1. Registro de partidos estableciendo umbrales de votación que permitan la participación de distintas fuerzas pero sin que ello lleve a la pulverización del sistema una regla de 4 o 5%.

2. Establecer mecanismos de seguimiento a la implementación de las plataformas y los programas de gobierno una vez que los partidos políticos alcanzan el poder.

3. Reforzar el rol de los partidos políticos en la educación cívica y la promoción de la democracia, es decir, que las fundaciones partidistas dejen de ser un un órgano de consulta interno (muchas veces poco productivo) para convertirse en verdaderos referentes del pensamiento, postulados y propuestas de gobierno del partido al que representan.

4. Democracia interna: la selección de candidatos, los derechos y obligaciones de los militantes, transparencia y rendición de cuentas de los partidos políticos.

Por supuesto, la creación de la Ley será también una oportunidad para clarificar y reforzar (que no significa sobreregular como ya lo está) el financiamiento público a los partidos, la fiscalización de sus recursos y hacer una reevaluación de lo que ha funcionado y lo que no con respecto a la compra de spots.

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