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Must carry, must offer: ¿cobrarán dos veces por lo mismo?

Escrito por Cecilia Soto el .

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cecilia soto

Excélsior 

Entre las anécdotas legendarias que circulan sobre Emilio Azcárraga Milmo, el famoso Tigre, está la del debate con un brillante Don Draper mexicano de los años sesenta, quien se quejaba de que Televisa comercializaba en Centroamérica, sin su autorización y sin recibir compensación alguna, un programa ideado por él y pagado por sus patrocinadores. "Imagínate, Emilio, que yo soy el dueño del circo Atayde", argumentaba el publicista, "y que te rento tu terreno para ponerlo ahí y poder ganar por el show que yo produje, tú no puedes volver a cobrar por ese show que es mío..." "El único problema", replicó El Tigre, "es que yo soy dueño del único terreno donde puedes poner tu circo, así que hazle como quieras".

 

En poco más de 50 años, ya hay dos dueños de "terrenos que rentar", es decir, concesionarios para retransmitir contenidos por televisión abierta: Televisa, con un 65% de la audiencia y Televisión Azteca, con poco menos de 30%, antes adversarios y ahora socios a través de Iusacell. También ha crecido la llamada televisión restringida o TV de paga que se transmite por cable o por satélite. Pero los dueños siguen siendo casi los mismos, pues Televisa es socia mayoritaria, dueña o socia importante de las principales empresas de cable del país y de Sky. Las empresas de cable operan como cárteles regionales, pues no compiten entre sí: no piden licencias donde operan sus aparentes competidoras ni buscan suscriptores en las zonas de los otros. Tampoco competían en precios hasta que llegó Dish y conquistó a dos millones de clientes en menos de dos años haciendo evidente una demanda reprimida por la vía de precios. En pocas palabras, el terreno ha crecido, pero el dueño principal sigue siendo prácticamente el mismo.

Los firmantes del Pacto por México se comprometieron a aumentar la competencia en este sector y a incluir la figura regulatoria del must carry, must offer entre la televisión abierta y la restringida, figura presente en todos los países de la OCDE menos en México y en Turquía y presente también en muchos otros como Argentina y Chile. El must carry es la obligación de los concesionarios de TV restringida de transmitir los contenidos de TV abierta y el must offer es la obligación de los concesionarios de TV abierta de ofrecer sus contenidos a los medios de TV restringida que lo soliciten.

El texto original del compromiso 43 se atenía a las mejores prácticas internacionales en esa materia, pues en la gran mayoría de los países se obliga a los concesionarios de TV abierta a ofrecer sus contenidos gratuitamente y a los de TV restringidas a transmitirlos también gratuitamente. Pero dos días antes de la firma pública del Pacto, una mano misteriosa cambió la palabra "gratuitamente" por "a precios competitivos". La acuciosa periodista Carmen Aristegui dio a conocer pocos días después del 2 de diciembre, que la mano misteriosa pertenecía a un representante del Partido Verde, la agrupación con el mayor número de legisladores de la llamada telebancada. Las filtraciones que se han publicado del proyecto de Ley de Telecomunicaciones hablan de un debate sobre cuánto y cómo cobrar por parte de la TV abierta, lo que equivale a enmarcar el debate en los términos de los intereses de las televisoras y no en los de los consumidores.

Los contenidos que transmite la TV abierta ya están pagados. Los pagan los presupuestos en publicidad de los anunciantes, quienes pagan el acceso a los hogares de sus clientes potenciales a través de las pantallas de televisión. Entre mayor teleaudiencia se capte mayor será el precio que cobre la televisora. La señal llega gratuita al usuario de la TV abierta primero porque se transmite a través de un bien público, el espectro radioeléctrico, pero sobre todo porque los anunciantes ya pagaron el derecho de entrar a su casa. Por ello, en la mayoría de los países con legislación sobre must carry, must offer, la señal se ofrece gratuitamente. Pedir un "precio competitivo" o pedirla "gratuitamente para el consumidor" (pero no para el operador de TV restringida) son fuegos de artificio que buscan ocultar que se está cobrando dos veces por algo ya pagado. Televisa cobraba en 2007, US $1.65 por suscriptor y previendo que Telmex pudiera entrar a ofrecer televisión restringida, excluyó de su oferta pública de un paquete de canales a "los agentes económicos que tengan más de cinco millones de suscriptores y más de US $1,500 millones en ingresos anuales". Más claro que el agua: excluye ex ante de sus contenidos a uno de los pocos "agentes económicos" que le puede competir.

Si la señal se distribuye gratuitamente, como es el caso de Estados Unidos, Alemania y muchos otros más, la publicidad va "empaquetada" y el operador de TV restringida la debe transmitir. En el caso mexicano, las televisoras de TV abierta empaquetan canales y todo: canales buenos y pésimos y toda la publicidad y cobran a los agentes de TV restringida por cada suscriptor. Así la TV restringida paga para que el duopolio gane más pues le aumenta su audiencia y por tanto la posibilidad de subir sus tarifas publicitarias. Por supuesto, la TV abierta no comparte con la TV restringida sus utilidades por publicidad.

Lo ideal y lo justo desde el punto de vista del consumidor es no cobrar la señal de TV abierta, pues el contenido ya está pagado, incluyendo los derechos de autor. Si los legisladores no se atreven a molestar al duopolio y aceptan que éste cobre, entonces se debe permitir que la TV restringida pueda cobrar por publicidad contratada directamente. Esta segunda opción, aunque menos mala, dificultará que bajen los precios de suscripciones a la TV restringida y aumente su penetración. ¿Qué prefieren los legisladores? Nos vemos en Twitter para saberlo y le recuerdo que trabajo en una empresa cercana a Telmex, pero no represento su punto de vista. @ceciliasotog

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