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Decisiones mexicanas

Escrito por Jorge Montaño el .

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El Universal 

Es innegable que desde la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte las turbulencias político-económicas y de crimen organizado han marcado la imagen internacional del país. La guerrilla indígena, secuestros de personalidades del sector privado, asesinato del candidato del PRI y del secretario general de ese partido, elecciones con observación internacional, debacle económica y préstamo de rescate, inicio de alternancia, marcaron el fin del siglo que inició con revolución sangrienta. El primer gobierno panista fue especialmente ñoño para conducir al país dentro de nuevas realidades. La improvisación presidencial contaminó la vida nacional. La intransigencia de una izquierda iluminada y la oferta nostálgica priísta fueron decisivos para asegurar la continuidad de Acción Nacional, sin más programa que el conflicto sangriento contra el narcotráfico, sin enfrentar al crimen organizado. Esta confusión dejó las peores secuelas en décadas, que hoy la opinión publica adjudica al nuevo gobierno. El reclamo airado a éste por los desaparecidos, así lo confirma tanto la sociedad como las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales.

El resultado de este trayecto ha repercutido de manera directa en el ánimo ciudadano, lastimado en su autoestima por la acumulación de errores, manejos equivocados en los dos últimos sexenios, inseguridad rampante, desconfianza en las instituciones, así como en la impartición de justicia. Esa es la secuela de esos 12 años. La vecindad con el norte y el TLCAN silenciosamente continuaron operando. A diferencia de otros países de la región que vieron crecimientos inusitados por venta de materias primas, en especial al mercado chino, el desarrollo industrial mexicano exporta hoy más de mil millones de dólares diarios en productos manufacturados. La diferencia no es menor si se toma en cuenta el entorno económico mundial adverso, en especial el estadounidense que esta doblemente amenazado por guerras internas entre partidos políticos, impidiendo al presidente Barack Obama continuar con su programa de reanimación de la economía, buscando el retorno de empleos perdidos. Sus adversarios, empeñados en politizar hasta las piedras, han obstaculizado la discusión de una reforma migratoria aceptable y sin los candados hostiles que propone el ala xenófoba del Tea Party.

En los últimos días, Tom Friedman en su editorial de The New York Times, señaló con optimismo las perspectivas de la economía mexicana, apuntando su opinión positiva frente a China e India en los próximos cincuenta años. En las mismas fechas, The Economist también hizo pronósticos favorables que poca atención merecieron en los medios masivos de comunicación, y no me refiero a nuestra raquítica lectura de prensa escrita, sino a la televisión, radio y redes sociales. Es interesante que a pesar de que aun no se ponen en marcha las medidas para regresar la seguridad a la ciudadanía, en el exterior, por primera vez en décadas, están leyendo en resultados económicos documentados y en reformas anunciadas, signos inequívocos de golpes de timón en aéreas prioritarias sin violentar las normas constitucionales. Fundamentar la autorización a Pemex para pactar asociaciones para extraer el shale gas, como lo publicó El País, nos urge; anunciar cambios drásticos en el manejo de telecomunicaciones o desmantelar estructuras sindicales arcaicas, son temas que pueden regresar la confianza el país. Esta es la verdadera desnarcotización de la acción gubernamental, la que tiene capacidad de atender las demandas de seguridad, a la par que avanza en actualización de normas que permitan profundizar la modernización del país. Es imperativo reconocer, que aun los guardianes del templo razonarán políticamente, si se tiene el cuidado de explicar a los ciudadanos más modestos la necesidad ineludible de los cambios, sin traicionar a la patria, como argumentan voces tradicionales, que optan por el inmovilismo. La coyuntura favorable al cambio no se resuelve con dogmas o autoritarismo. Es el convencimiento de que esas modificaciones efectivamente serán tangibles para todos. Ese es el único argumento válido frente a la sin razón y la demagogia.

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