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Garitas

Escrito por Veronica Baz el .

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veronica baz

Reforma 

La definición de "garita" es: "oficina de aduanas en una frontera". Pero en México ya le queremos hacer una adición al diccionario, pues en estados como Chihuahua tenemos garitas alejadas de la frontera y en medio de la nada. ¿Qué hace una garita a más de 150 kilómetros de la frontera?

Las garitas, como hoy las conocemos, surgen en la segunda mitad del siglo pasado como parte de un proyecto de desarrollo de la zona fronteriza. El objetivo era crear una zona de libre importación y la garita cumplía con la función de ser un control para quienes importaban hacia dentro del País. Con el tiempo, y tras la idea de que esta zona ya se había desarrollado, algunas garitas se recorrieron más allá de la zona fronteriza que comprende solamente 20 kilómetros a partir de la frontera.

Desde un punto de vista económico, en el momento en que se liberaliza el comercio, las garitas pierden su razón de ser. La idea es muy simple: si ya hay libre comercio en el País, no se requiere tener una zona "libre" y otra "no libre". Sin embargo, las garitas siguen ahí y, de acuerdo con las autoridades, la función es detectar actividades ilegales que pudieran haber evadido la inspección que se realiza en la frontera (como tráfico de mercancía ilegal y armas).

Sin embargo, ese argumento es, en realidad, poco convincente. Personas que viven en Chihuahua y otros estados fronterizos hablan de que el contrabando y las armas pasan de todos modos, y cada vez tenemos más datos del lastre económico y social que son las garitas para la zona.

Desde una perspectiva económica, las garitas afectan actividades estratégicas. Cualquier turista que quisiera viajar por carretera tendría que pasar una doble revisión. El pasado 24 de diciembre hubo filas de hasta 10 horas, desincentivando así el flujo de visitantes. En términos de las empresas, la industria de la región no atiende al mercado nacional porque transportar productos al resto del País implica someter a la mercancía a un proceso similar a la exportación. Y expertos en el tema consideran que esto afecta, sobre todo, al desarrollo de empresas chicas y medianas.

Desde una perspectiva jurídica, las garitas son inconstitucionales, pues si bien el Presidente está facultado para habilitar y designar la ubicación de aduanas fronterizas y marítimas, esto sólo puede ser dentro de los 20 kilómetros que le siguen a la frontera. Así mismo, las garitas pueden ser consideradas como discriminatorias, ya que quienes transitan por otras partes del País no son sometidos a procedimientos de revisión aduanal.

Pero lo más importante es que la sociedad está denunciando, cada vez más, que las garitas son una fuente enorme de corrupción. Las garitas que más protestas generan son las de Puerto de Janos y la de Samalayuca en Chihuahua. En palabras del activista Julián Lebaron, "los aduanales se comportan como delincuentes con licencia". Empresarios en Chihuahua comentan que estar a cargo de la garita es uno de los puestos más codiciados, debido al poder que se tiene sobre los más de 20 mil coches que pasan por la garita cada mes. Las garitas afectan a personas de todos los estratos económicos, pues llegar a la garita después de más de 100 kilómetros recorridos para que, sin motivo alguno, te digan que te tienes que regresar a la frontera, podría ser la peor pesadilla de Kafka.

Activistas, empresarios y presidentes municipales han estado impulsando que las garitas desaparezcan. El nuevo Gobierno puede hacer dos cosas: seguir presentando soluciones parciales que no cambian nada, como dotar a las garitas de todos los servicios aduanales para agilizar el tránsito y proponer reubicarlas; o puede resolver el problema de fondo apostándole al desarrollo económico de la zona, fortaleciendo el Estado de derecho en una de las regiones del País que más lo necesitan, e integrando la "zona fronteriza" al resto del país. Hay aquí una gran oportunidad. El camino que se escoja no será trivial.

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