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Alertas críticas

Escrito por David Shields el .

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david shields

Reforma 

Se han vuelto frecuentes las alertas críticas, emitidas por Pemex, que advierten sobre cortes en el suministro de gas natural a la industria. Esas alertas reflejan las tensiones, ya casi permanentes, que existen en el sistema de producción, infraestructura y abasto de gas natural desde que se desplomó el precio de ese combustible en toda América del Norte.

 

La caída del precio es parte de un cambio estructural en el mercado del gas, provocado por la producción de grandes volúmenes de shale gas en Estados Unidos. El bajo precio del shale gas trae ventajas competitivas al País, pero también muchos problemas.

A ese precio hay más demanda de gas, pero no se cuenta ni con la producción ni con la infraestructura de ductos para abastecer a más usuarios. A ese precio no le reditúa a Pemex producir gas y, por lo mismo, su producción ha caído. Las tensiones trascienden las fronteras de México. Al gobierno de Perú ya no le reditúa, a ese precio, enviar gas natural licuado (GNL) a la planta regasificadora de Manzanillo, cuando lo puede vender mucho más caro en Asia. De hecho, el precio casi ha puesto fuera de servicio las tres plantas regasificadoras que operan en México.

Por otra parte, la industria no acepta regresar al uso de combustóleo por su alto precio y su impacto ambiental.

México tiene la oportunidad de producir shale gas, en vez de importarlo, pero esto implica enormes retos en materia de exploración, agua, cambios jurídicos y regulación. Y no está claro que la producción de más gas barato sea la solución a las tensiones en el mercado mexicano del gas.

¿Cuál es la solución, entonces? No se ve ninguna a corto plazo, salvo que todos los actores acepten importaciones de GNL con un precio mucho más alto. El bajo precio del gas elimina incentivos para que Pemex produzca más. Promover el shale gas puede ser parte de la solución a mediano plazo, pero también lo puede ser el enorme casquete de gas que dejó la explotación del petróleo en Cantarell. Es la reserva probada más grande de gas natural en el País, sólo que se encuentra contaminado por la inyección de nitrógeno. Pemex debió haber construido hace años dos o tres grandes unidades desnitrogenadoras, conocidos como plantas NRU (nitrogen rejection units), adicionales a la que ya existe, para recibir y limpiar el gas de Cantarell. Esas unidades cuestan unos 150 millones de dólares cada una. Pero no lo ha hecho.

Tiempo atrás, se propuso ajustar a la baja el precio de primera mano del gas que vende Pemex en el sureste del país debido al alto contenido de nitrógeno en el gas que perjudicaba los procesos industriales. Hoy, se debe seguir exigiendo a Pemex que construya las plantas NRU, pero ahora, al revés del planteamiento de antes, se podría ofrecer a Pemex un aliciente de precio, ajustando al alza el precio de primera mano del gas en caso de que lo entregue libre de nitrógeno. Es razonable pedir que los consumidores paguen más por gas de óptima calidad.

Cantarell y el shale gas pueden ser, por el lado de la oferta, parte de la solución a las alertas críticas. Pero el problema no es sólo de oferta, sino de asegurar precios y regulación actualizada que incentiven la producción de gas y la construcción de infraestructura. El mercado mexicano de gas natural necesita precios más altos para encontrar un equilibrio, crecer y abastecer sin problemas a todos los usuarios.

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