Asociados en la prensa

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Andrés y 'El Bronco', 'peligros' para México

Escrito por Raymundo Riva Palacio el .

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El presidente Enrique Peña Nieto definió a sus enemigos, a los del PRI, a los de los partidos políticos, a los de los sectores productivos, a los de la sociedad política y a la sociedad civil. Son los populistas y los demagogos, Andrés Manuel López Obrador y Jaime Rodríguez, El Bronco, a los que, alertó, hay que temerles y rechazarlos. ¿O su mensaje político al finalizar el discurso a propósito de su Tercer Informe de Gobierno tenía destinatarios diferentes? Claro que no. López Obrador tomó la afrenta y dijo que le tienen miedo. El Bronco dijo que ese saco no le quedaba. Qué importa la retórica. Para efectos prácticos, Peña Nieto dio el banderazo de salida a la sucesión presidencial.

Por segunda vez en dos meses, el presidente se refirió a sus Némesis. La primera vez fue el 25 de julio, cuando celebró en el PRI los resultados de las elecciones federales. Peña Nieto tenía razones para preocuparse. Tres semanas antes un número importante de priistas votaron por los candidatos de Morena, con lo que afianzaron el partido de López Obrador y lo convirtieron en un virtual integrante de la boleta de la elección presidencial en 2018. También había sido arrasada su candidata en Nuevo León por El Bronco, que la humilló dos a uno. El ánimo del presidente frente a ellos no era ni es bueno. Cuando recibió a El Bronco como gobernador electo cuatro días después, le dijo: “Dime cómo nos chingaste en Nuevo León”. La respuesta fue: “Los volveremos a chingar en 2018”.

Sobre advertencia no hay engaño. Las dos figuras, junto con Enrique Alfaro que arrasó en Jalisco con sólo competir por la alcaldía de Guadalajara por Movimiento Ciudadano, son sus pesadillas. No para México, sino para él y la permanencia del PRI en el poder. Los temores se han multiplicado. Los gobernadores priistas de Chihuahua y Veracruz, al igual que el panista de Puebla, han impulsado iniciativas de ley en los congresos locales contra los candidatos independientes, a cuya regresión política mexicana se incorporó el presidente Peña Nieto este 2 de septiembre, que quedará marcado en el calendario político como el día que abrió fuego contra los potenciales candidatos presidenciales.

En el mensaje político que leyó en Palacio Nacional, el presidente que debiera ser de todos, demostró que no es de todos. Su discurso es como una versión mexiquense de la alegoría de George Orwell en Rebelión en la granja: todos son iguales pero hay unos más iguales que otros. Para Peña Nieto los términos de la batalla por 2018 no son a partir de los instrumentos de la democracia, sino bajo los criterios que definen a los populistas y los demagogos. “Hay frustración y pesimismo; desencanto y malestar social en Europa, en Asia y en América; en prácticamente todos los continentes. Los medios digitales y las redes sociales reflejan estos sentimientos de preocupación y enojo; manifiestan que las cosas no funcionan y dan voz a una exigencia generalizada de cambio –de cambio inmediato–”, dijo.

“En todas las naciones surgen dudas y se enfrentan dilemas sobre cuál es el mejor camino a seguir”, agregó. “En este ambiente de incertidumbre, el riesgo es que en su afán de encontrar salidas rápidas, las sociedades opten por salidas falsas. Me refiero al riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia o el populismo, son verdaderas soluciones. Esto no es nuevo. Es una amenaza recurrente que ha acechado a las naciones en el pasado. Hay ejemplos en la historia, en donde los sentimientos de inconformidad tras crisis económicas globales, facilitaron el surgimiento de doctrinas contrarias a la tolerancia y a los derechos humanos. En esos episodios la insatisfacción social fue tal, que nubló la mente, desplazó a la razón y a la propia ciudadanía, permitiendo el ascenso de gobiernos que ofrecían supuestas soluciones mágicas”.

¿En qué pensaba el presidente cuando leyó el borrador del discurso que le prepararon sus asesores? Algunos analistas vieron a Hugo Chávez, quien ganó las elecciones en Venezuela en 1988, como su evocación. Pero Chávez no llegó en medio de una crisis económica global, sino como consecuencia de la indignación por la corrupción del gobierno socialdemócrata de Carlos Andrés Pérez. La analogía más cercana a la idea del presidente Peña Nieto se remonta más bien a 1933, durante la llamada República de Weimar, que surgió de las ruinas del II Reich tras la Primera Guerra Mundial, y que tras 15 años de inestabilidad política, económica y social, con una increíble hiperinflación agravada por el crack de 1929, allanó el camino de Adolfo Hitler al poder.

El peligro de la humanidad, trasladado por el presidente Peña Nieto a los peligros para México. “Esos mismos gobiernos -dijo el presidente en su mensaje, sin mencionar nombres ni identificar países-, lejos de llevar a sus sociedades hacia mejores condiciones de vida, alentaron el encono y la discordia; destruyeron sus instituciones y socavaron los derechos y libertades de su población. De manera abierta o velada, la demagogia y el populismo erosionan la confianza de la población, alientan su insatisfacción y fomentan el odio en contra de instituciones o comunidades enteras. Donde se impone la intolerancia, la demagogia o el populismo, las naciones, lejos de alcanzar el cambio anhelado, encuentran división o retroceso”.

Bienvenidos seamos todos a 2018.

 

Twitter: @rivapa

Fuente: El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/andres-y-el-bronco-peligros-para-mexico.html

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La (des)aprobación de Peña

Escrito por Raymundo Riva Palacio el .

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Tercer año de gobierno. El nivel de aprobación del presidente Carlos Salinas fue de 77 por ciento; el de Ernesto Zedillo de 55; el de Vicente Fox de 58, y el de Felipe Calderón de 62 por ciento. Tercer año de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a la mitad del camino. Su nivel de aprobación es de 35 por ciento, de acuerdo con la última encuesta de Buendía&Laredo, y sigue cayendo. Empezó a caer tiempo antes que se acentuara la pendiente por las crisis de Ayotzinapa y su 'casa blanca', pero hoy se encuentran en el nivel más bajo desde el otoño de 2013, cuando propuso la reforma fiscal que recargó la mano al aparato productivo del país y a los contribuyentes. Mal es el momento para el presidente, aunque se trate de disfrazarlo.

El spin mediático desplegado por el gobierno es la comparación económica, que tienen bien diagnosticado en Los Pinos, es lo que más ha dañado la imagen del presidente. El crecimiento durante la primera parte del gobierno de Peña Nieto fue mayor que el de los presidentes panistas, Vicente Fox (0.3 por ciento) y Felipe Calderón (menos 0.1 por ciento). Pero, hay matices. Fox vivió el “lunes negro” de las bolsas en Nueva York en 2000, cuando los bonos basura y los derivados provocaron un crack bursátil y retraimiento de la inversión, y aumentó las tarifas de luz en 2002. Calderón vivió la crisis crediticia de 2008 que aceleró la quiebra del gigante Lehman Brothers, que provocó un nuevo crack en los mercados e inició la crisis financiera de la que aún se pagan globalmente las consecuencias.

Con estas analogías en bruto se trata de esconder lo que es inocultable: la caída en la aprobación presidencial. De acuerdo con la encuesta de Buendía&Laredo, 57 por ciento de los mexicanos desaprueba la gestión del presidente, mientras que 77 por ciento piensa que no tiene las cosas bajo control. Peña Nieto dobla el peor momento que en esta categoría tuvo en 2008 Calderón, quien había sido el presidente peor calificado desde que se hacen sus mediciones hace un cuarto de siglo, cuando casi 38 por ciento de los mexicanos pensaba que no tenía el control del gobierno.

Según Ulises Beltrán, uno de los expertos en opinión pública más respetados del país, los mexicanos tienden a ser generosos con sus gobernantes. “Sólo en seis ocasiones en los 18 años que revisamos el porcentaje de personas que no aprueban la manera de gobernar del presidente, es mayor que el de los que expresan una evaluación positiva”, escribió Beltrán recientemente en Nexos, sobre la aprobación histórica presidencial. En su análisis apuntó una diferencia de 7.0 por ciento que tuvo el presidente Ernesto Zedillo en 1995 por la crisis del sistema de pagos que provocó una dolorosa devaluación, y ese mismo año de 6.0 por ciento, por el aumento al IVA, la carestía y el desempleo. Ninguno hasta Calderón en 2010 había vuelto a tener un diferencial tan elevado entre aprobación y desaprobación, y jamás hubo nada parecido a la proporción que marca Peña Nieto actualmente: 22 por ciento.

Peña Nieto no ha gobernado en las mejores condiciones. De hecho, son las peores que jamás haya tenido un presidente desde que se hacen las mediciones. De acuerdo con Beltrán, Salinas arrancó su administración con 66 por ciento de aprobación, Zedillo con 43 –el tumultuoso año de 1994 con magnicidios, crisis políticas y alzamiento del EZLN cobró su cuota–, Fox con 63 y Calderón con 62 –pese a la agria disputa postelectoral con Andrés Manuel López Obrador–. Peña Nieto inició su gobierno con una “modesta aprobación” de 43 por ciento. Su nivel subió nueve puntos en febrero de 2013, dijo Beltrán, cuando la PGR capturó a la maestra Elba Esther Gordillo, que sería, en sus palabras, “el único impulso positivo importante” durante sus dos primeros años de gobierno.

“Entre julio y octubre de 2013 la aprobación presidencial perdió 15 puntos al pasar de 51 a 36 por ciento, impulsada, primero, por las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y los enfrentamientos de los autollamados anarquistas”, agregó. “Y a partir de septiembre, por la presentación de la iniciativa de reforma fiscal que implicó mayores impuestos para prácticamente todos los consumidores y la gran mayoría de los causantes”.

De acuerdo con la serie histórica de Parametría, “si bien los actuales niveles de desaprobación de Peña Nieto han sido considerables, de diciembre de 2014 a marzo de 2015 es cuando se presentaron los mínimos históricos de aprobación del presidente y los máximos de desaprobación. En marzo de 2015, 58 por ciento de los mexicanos desaprobaba el trabajo realizado, contra 39 por ciento que lo aprobaba, según su estudio, aunque un mes antes, en febrero, hubo un evento importante ya que fue capturado Servando Gómez Martínez, La Tuta, capo del cártel de Los Caballeros Templarios”.

La encuesta de Buendía&Laredo establece nuevos parámetros, similar de altos a los de Parametría en la desaprobación, y cuatro puntos menos en la aprobación, probablemente por la variable de la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán el 11 de julio. Uno de los datos más reveladores es que el mayor descenso en aprobación fue entre los priistas. Si pierde el apoyo del núcleo duro de su apoyo político, ¿qué puede esperarse del resto de la población? El presidente Peña Nieto enfrenta este desafío en la segunda parte de su mandato. Pero no es el más preocupante. La polarización es donde se anida el mayor riesgo.

 

Twitter: @rivapa

Fuente: El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/la-des-aprobacion-de-pena.html

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Yo, la excepción

Escrito por Ana Paula Ordorica el .

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¡Qué difícil pueblo somos los mexicanos! Queremos vivir en un país sin corrupción, con instituciones fuertes, con una economía boyante, de reglas claras y sin absurdos ni abusos, pero también queremos lograrlo sin poner nuestro grano de arena. Pensando que cada uno de nosotros somos la excepción.

Y cuando digo los mexicanos, me refiero desde el Presidente para abajo.  Al presidente Peña Nieto lo hemos escuchado decir una y otra vez que quiere luchar en contra de la corrupción. Una de sus principales promesas de campaña fue la creación de un Sistema Nacional Anticorrupción que, a la mitad del mandato, aún no existe.

El balón de ese Sistema Nacional Anticorrupción está en el campo legislativo. El tema no es ése. El tema es escuchar al Presidente decir, una y otra vez, que nuestro gran problema es la corrupción y decir que está comprometido a generar las instituciones para batallar en su contra, pero a la hora de la verdad, cuando sale a la luz el escándalo de corrupción por la Casa Blanca o la casa de Malinalco, la respuesta del Presidente parece ser “luchemos contra la corrupción… de los otros. Yo soy la excepción”.

Pero el Presidente no es el único que actúa de esa manera. Ese sentimiento de excepcionalidad está en muchísimos mexicanos.

En el diputado o senador que saca “la charola” para entrar sin hacer fila; en el periodista que asume tener derecho a privilegios especiales por contar con un micrófono. Todos bajo la misma premisa: yo soy la excepción.

Y en los miles de ciudadanos que buscan cómo brincarse las leyes, cómo darle la vuelta al trámite, cómo evitar hacerle caso a la autoridad, a sabiendas, claro, de que romper la ley no tiene consecuencias, por un lado. Por el otro, como lo muestra el estudio sobre corrupción de María Amparo Casar, Anatomía de la Corrupción, también porque al considerar que las reglas son malas o absurdas, nos damos licencia para romper la ley.

Queremos un espacio limpio, libre de autos en Chapultepec, por ejemplo, pero cuando nos prohíben que nuestro auto circule por ahí, queremos ser la excepción. Que dejen de circular todos, menos yo. Y eso le exigimos al policía que está cuidando los accesos al parque que no es para vehículos.

Este sentimiento de excepcionalidad hace muy difícil que avancemos, que el país sea mejor, que crezcamos, que dejemos de ser el país del “ya casi”, del “ya merito”. Y de ello somos responsables, en mayor o menor medida, todos.

Así que no nos podemos sorprender que el Tercer Informe de Gobierno no arrojara mejores noticias ni de los pronósticos pesimistas de Moody’s y otras calificadoras que hablan de años difíciles para México hoy y en el futuro.

Tanto “yo, la excepción”, tiene un costo. La pregunta es ,¿cuándo y cómo tocaremos fondo para que las cosas comiencen a cambiar para mejor?

 

Twitter: @AnaPOrdorica

 

Fuente: Excélsior http://www.excelsior.com.mx/opinion/ana-paula-ordorica/2015/09/04/1043958

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Alfombra roja para 'El Chapo'

Escrito por Raymundo Riva Palacio el .

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Quiénes, fuera del penal del Altiplano, son responsables y culpables por la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán el pasado 11 de julio, es la línea de investigación más importante de la PGR para determinar los niveles de complicidad de funcionarios federales. ¿Fueron omisiones? 

¿Negligencia? ¿Corrupción? Las autoridades determinarán el grado de responsabilidad de los funcionarios, pero se puede argumentar, sin establecer acusación alguna, que en el área de Inteligencia de la Policía Federal y del Cisen se encuentran las claves que ayudarán a explicar con mayor claridad por qué fue posible la evasión.

La investigación sobre la fuga se enfocó originalmente en el sector de reclusorios por la sospecha mecánica de corrupción. Se cesó a funcionarios de alto nivel del Sistema Penitenciario Federal, y se detuvo algunas horas a directores del penal del Altiplano. La investigación se expandió a otras áreas por la complejidad con la que se toman las decisiones en el penal y porque la última palabra no dependía de ellos, sino en la Comisión Nacional de Seguridad, en específico el área de Inteligencia de la Policía Federal, que estaba a cargo de Ramón Pequeño.

Por diseño, las decisiones dentro de los penales de máxima seguridad son colegiadas y nadie tiene la autoridad absoluta. Las toma un Consejo Técnico que integran el director general del penal, que lo preside, el director jurídico que hace las veces de secretario técnico del Consejo, el director de Seguridad Técnica, el jefe del Departamento de Observación y Clasificación –que clasifica al interno por grado de peligrosidad–, un representante de la Coordinación de los Centros Federales de Readaptación Social y, según los temas a tratar, los jefes de las distintas áreas, como Trabajo Social, Sicología o Pedagogía. Sesionan cada ocho días, pero en situaciones extraordinarias se reúnen tantas veces como se necesite.

Cuando inició el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, una de las primeras decisiones fue regresar a la Secretaría de Gobernación la responsabilidad total de los penales. La Comisión Nacional de Seguridad absorbió el mando absoluto, y todas las decisiones del Consejo Técnico tenían que ser aprobadas por el área de Inteligencia de la Policía Federal. Bajo la administración del primer comisionado, Manuel Mondragón, la clasificación altamente sofisticada que había en los penales de máxima seguridad se borró. Su sucesor, el recién destituido Monte Alejandro Rubido, no lo corrigió.

La clasificación dentro de los penales establecía cómo agrupar a los criminales. El Altiplano tiene ocho módulos. El más sensible es donde se colocan a los autores intelectuales de alto riesgo, que tienen liderazgo y poder económico. Están separados de los autores materiales de alto riesgo, como separan también a aquellos considerados de medio riesgo. Esa dispersión era inexistente cuando reingresó El Chapo Guzmán al Altiplano en febrero de 2014, quien fue ubicado en el módulo 2 de “conductas especiales”, donde habían agrupado a los criminales más peligrosos. Ese módulo era de tránsito para los internos, pero le quitaron la temporalidad en este sexenio.

En julio del año pasado las autoridades de reclusorios propusieron a la Comisión Nacional de Seguridad que se hiciera una rotación de directores del penal, un protocolo de seguridad para dificultar la corrupción e impedir que con amenazas de muerte a familiares, como había sucedido en el pasado, los extorsionaran. Pequeño, jefe de Inteligencia de la Policía Federal, se negó y Rubido lo respaldó. Dijo que no había necesidad. Un mes después, en agosto, se propuso cambiar de celda a El Chapo Guzmán.

La propuesta era trasladarlo a una estancia especial a donde llevan a los internos que tienen infecciones contagiosas. El área a la que propusieron las autoridades carcelarias moverlo, estaba sin internos y permitía que estuviera absolutamente solo en toda esa zona. Pequeño volvió a negarse y Rubido de nueva cuenta lo apoyó. La respuesta de Pequeño, y en particular de su segundo de a bordo en el tema de reclusorios, David Silva, fue acusatoria. Cuestionó a las autoridades penitenciarias de por qué lo querían llevar a una zona más cerca de la puerta de salida. El argumento carecía de razón. Aunque geográficamente esa estancia está más cerca de los locutorios y las zonas de visitas íntimas que el módulo 2, en donde estaba El Chapo Guzmán, las medidas de seguridad son exactamente las mismas que en el resto de los pabellones. No, fue le respuesta reiterada.

En marzo de este año llegó una nueva propuesta a la Comisión Nacional de Seguridad: trasladar a Guzmán al nuevo penal de máxima seguridad en Guanajuato, inaugurado en octubre de 2012. Ese penal, argumentaron, tenía poca población y podía ser ubicado en un módulo solo. Pequeño volvió a decir que no y Rubido sostuvo esa decisión. Silva alegó que lo querían tener “cerca” para vigilarlo. Cuatro meses después se fugó.

La dinámica de tensión que se dio durante las administraciones de Mondragón y Rubido entre la Comisión Nacional de Seguridad y el Sistema Penitenciario Federal, expone lo entreverado de su relación y demuestra que nada que haya sucedido en el interior del Altiplano pudo hacerse sin conocimiento u omisiones en el exterior de la cárcel, en el mejor de los casos, o colusión y corrupción en el peor de ellos. Esta red es lo que están armando las autoridades federales para saber hasta dónde llega la complicidad que propició la fuga de El Chapo Guzmán. La promesa se mantiene: caerá quien tenga que caer.

 

Twitter: @rivapa

Fuente: El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/alfombra-roja-para-el-chapo.html

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Un país polarizado

Escrito por Raymundo Riva Palacio el .

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México es un país cada vez más polarizado, y como nunca antes avanza el desacuerdo sobre la ruta trazada por el presidente de la República. El momento de tensión que se vivió en 2005 por el intento del presidente Vicente Fox para desaforar al jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, y el conflicto posterior a la elección presidencial en 2006, están muy lejos del estado que se vive en este primer medio de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. En aquellos conflictos con Fox y Felipe Calderón, le tensión se concentraba en acciones específicas con un actor único. Hoy, el desacuerdo es por una visión de país y, sobre todo, por un estilo de gobernar.

 

El enrarecimiento social durante la primera mitad del sexenio Peña Nieto ha ido creciendo. El mejor reflejo es la encuesta trimestral de Buendía&Laredo sobre aprobación presidencial, la única que incluye preguntas intermedias para evitar respuestas en blanco y negro. No sólo frasea si aprueba o no la gestión del presidente, sino que añade la opción “ni aprueba” y “ni desaprueba”. Este matiz no es menor. A través de él se mide la polarización de la sociedad.

 

En la serie, Buendía&Laredo tiene tres cruces entre aprobación y desaprobación en febrero, mayo y agosto de 2014. Desde entonces, la tendencia ha sido negativa para el presidente. La última encuesta tiene una aprobación de 45 contra 46 por ciento de desaprobación; en mayo estaba, respectivamente, 40 contra 53; en febrero 40 contra 53; en noviembre del año pasado, 41 contra 50. Pero las respuestas de “ni aprueba”, “ni desaprueba”, han crecido de manera significativa. Al iniciar el sexenio ese grupo representaba a 14 por ciento de los mexicanos. En esta primera parte del gobierno se redujo a la mitad, 7.0 por ciento.

 

Lo que refleja esa tendencia es resultado de un creciente sentimiento de frustración, impotencia, inconformidad, molestia, ira o decepción. Esto aporta luces al bajo nivel de aprobación de Peña Nieto de 35 por ciento, que muestra que lo único que tiene en este momento el presidente detrás de él es la coalición de priistas (el voto duro del PRI puede ubicarse entre 28 y 32 por ciento de la población) con algunos otros grupos, como podrían ser verdes y aliancistas. El problema del presidente es que aun dentro de los priistas, el acuerdo de gobierno está cayendo.

 

La encuesta muestra que fue entre los priistas en donde más cayó la aprobación presidencial, de 87 por ciento en febrero de 2013, a 60 en esta última muestra. Es decir, se redujo 27 puntos entre los suyos, muy superior a la caída en la aprobación entre otros sectores políticos: dos puntos entre panistas, tres puntos entre perredistas y diez puntos entre independientes.

 

No están claras cuáles serían las razones del descontento priista o la desilusión entre ellos, pero una variable general es por la economía y la percepción de corrupción que los afectó durante la última elección federal, y la reciente fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, que argumentar sobre la percepción de falta de liderazgo presidencial y ausencia de autocrítica del presidente. A ello se le añade la idea de que no toma decisiones ni tiene un rumbo claro de gobierno, que se aprecia al caer Peña Nieto en prácticamente todos sus atributos. En política social, donde reconocen los encuestados un mejor trabajo, cayó 30 por ciento en la primera mitad de su administración. Las reformas, que alcanzaron 40 por ciento de aprobación en marzo de 2014, se desplomaron a 18 por ciento en un año y medio. La seguridad se mantuvo en 6.0 por ciento, prácticamente en el mismo nivel del inicio de su gestión, cuando estaba en 7.0. El manejo de la economía, que arrancó con 6.0 por ciento, se encuentra en 4.0. La crisis de Ayotzinapa lo tumbó de 10 por ciento de aprobación en octubre, a 4.0 por ciento.

 

La falta de autocrítica ha sido insistentemente cuestionado en La República de las Opiniones, por el hecho de no haber incluido en los cambios a sus secretarios de Gobernación y Hacienda, los pilares de su gobierno, responsables de los temas que más lo han hecho tambalear. En su mensaje a la nación este miércoles, reconoció el mal ánimo en el país, pero como un recuento nada más. Pero sería reduccionista limitar a ello la molestia extendida en el país.

 

El mensaje, por lo que sugiere Buendía&Laredo, también contribuyó fuertemente al desgaste. Cuando la encuesta preguntó qué es “lo peor que ha hecho” Peña Nieto, el 11 por ciento respondió que las reformas. El eje discursivo presidencial es precisamente el de las reformas y sus beneficios. No hay ningún tema que tenga tanto rechazo como el de las reformas. No le importa insistir en un tema que es crecientemente antipopular, y lo volvió a repetir en su mensaje del miércoles, sin voltear para atrás. Tampoco atajó las angustias. Su retórica cupular no escucha lo que gritan las calles.

 

El presidente siempre ha dicho que no gobierna de acuerdo con las encuestas. Pero ignorar el creciente desacuerdo sobre su gestión es una equivocación. Casi siete de cada diez mexicanos están en desacuerdo de cómo gobierna, a lo que se añade la toma de posición en su contra: 50 por ciento más que hace tres años, entre los que le daban el beneficio de la duda. La polarización no ayuda a nadie, comenzando por él. Mantenerse en la ruta del voy derecho no me quito, al paso que va, terminará sin apoyo, sin fuerza y sin nada más que ofrecer.

 

Twitter: @rivapa

Fuente: El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/un-pais-polarizado.html

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Demócratas en problemas

Escrito por Ana Paula Ordorica el .

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Hace algunas semanas se veían dos eventos como inevitables: que Hillary Clinton ganase la nominación del Partido Demócrata y que los republicanos se vieran en gran dificultad de recuperar la Casa Blanca ante la ausencia de un buen candidato(a) a la Presidencia de Estados Unidos.

Hoy ambas premisas están tambaleándose. Hillary Clinton está siendo fuertemente cuestionada por el uso que hizo de su correo electrónico personal mientras fue secretaria de Estado. La opinión pública tiene una visión cada vez más negativa de la exprimera dama.

En una encuesta de Quinnipac dada a conocer a fines de la semana pasada en la que se le preguntó a más de mil 500 votantes registrados cuál era la primer palabra que se les venía a la cabeza al pensar en Hillary Clinton, ésta fue “mentirosa”, seguida por  “deshonesta” y “no fiable”.

A seis meses del supermartes electoral, cuando muchas veces se define el abanderado de cada partido para la contienda presidencial de noviembre, Hillary Clinton está en problemas con su campaña y esto pone en problemas a su partido ante la ausencia de otro candidato demócrata fuerte.

Por ello hay tanta atención en el vicepresidente Joe Biden y su posible, pero no segura, búsqueda de la nominación del partido para lanzarse por la Presidencia. ¿Se va a lanzar? Ésa es la gran pregunta de los demócratas.

Hoy, con la candidatura de Biden incierta, las encuestas muestran que él sería un contrincante más fuerte frente a Trump, Bush y Marco Rubio que la propia Hillary.

Biden es un político veterano. Conocedor como pocos de los temas nacionales y sobre todo internacionales. Ya intentó en una ocasión obtener la candidatura demócrata, sin éxito, manchado por un escándalo de plagio en uno de sus discursos.

Tiene una personalidad muy fuerte y explosiva, lo que vendría bien para los demócratas que tienen que lidiar con un vociferante Donald Trump.

¿Se animará Joe Biden a enfrentarse a estas alturas a la maquinaria Clinton? Ésa es la gran pregunta ante una campaña de la exprimera dama en problemas. Y una pregunta válida en un momento complejo para los demócratas.

Cuando salga Obama de la Casa Blanca, el partido va a llevar 16 años al frente del ejecutivo, lo que viene acompañado de cierto desgaste que algunos le achacan específicamente a Obama.

Basta ver que en 2008, cuando ganó su primer presidencia, Obama lo logró en un momento excelente para su partido que se beneficiaba de un movimiento proliberal. Tan fue así que en 2009 los demócratas tenían la mayoría en 62 de las 99 cámaras legislativas. Pero para 2015 los republicanos controlan 69 de estas legislaturas.

Y a nivel gubernamental los republicanos han logrado lo que en México conocemos como carro completo en 23 estados.

Lo anterior indica que el movimiento liberal ha ido perdiendo fuerza y adeptos en EU y que si los demócratas quieren quedarse en la Casa Blanca otros cuatro años van a tener que ver una mejor campaña de parte de una Hillary Clinton que no puede sentirse como inevitable o ir pensando en otro candidato, como pudiera ser el actual vicepresidente Joe Biden.

 

Twitter: @AnaPOrdorica

Fuente: Excélsior http://www.excelsior.com.mx/opinion/ana-paula-ordorica/2015/09/01/1043245

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¿Qué está pasando en Grecia?

Escrito por Foro Internacional Anáhuac el .

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En fechas recientes Grecia se ha convertido en una constante en los medios de comunicación, debido a que en menos de un año, los helenos han enfrentado cuantiosos retos que les han llevado a cambios inusitados en su vida económica y política. El próximo 20 de septiembre se celebrarán elecciones anticipadas en aquel país, lo que provoca que la comunidad internacional se mantenga pendiente a la espera de lo que ocurrirá en Grecia tan poco tiempo después de haber negociado un tercer rescate financiero por 86 mil millones de euros.

Las dificultades para Grecia comenzaron desde tiempo atrás. Cuando azotó la crisis del euro ocasionada, entre otras razones, por la crisis global de 2008, el país heleno fue uno de los primeros Estados europeos en sufrir las consecuencias de la recesión y el endeudamiento con importantes niveles de deuda pública y déficit presupuestario. Es necesario mencionar que fueron también factores estructurales internos los que hicieron insostenible la situación económica del país, lo que condujo a la solicitud de un rescate financiero en 2010 a la Troika, conformada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo (BCE). Desde entonces, Grecia implementó un programa de ajustes que le permitió recibir un segundo rescate en 2012 con el objetivo de sanear sus finanzas, no obstante, apenas hace menos de un mes, se aprobó un nuevo rescate para el país, que mantiene a la comunidad internacional a la expectativa de lo que sucederá en fechas próximas.

Las negociaciones del tercer rescate financiero para Grecia han sido las más controversiales de todas, no sólo por las implicaciones económicas, sino por la importante participación de la población griega al rechazar las condiciones de austeridad impuestas por la Troika, así como la posibilidad de que Grecia saliera de la zona euro (Grexit) en caso de no poder llegar a un acuerdo con las instituciones acreedoras. Las negociaciones se llevaron a cabo en un ambiente de incertidumbre y gran tensión que se percibió a través de la negativa en el referéndum celebrado el pasado mes de junio, en el que el gobierno del entonces primer ministro, Alexis Tsipras, cuestionó a la población si deberían aceptar las condiciones de austeridad planteadas por la Troika para la ampliación del rescate. En el proceso, la población tuvo que definir su postura ante los acreedores y al mismo tiempo, enfrentar un corralito que generó pánico entre la población.

Un par de meses más tarde, el 11 de agosto, el gobierno de Syriza anunció la celebración de un acuerdo con el BM, FMI, BCE y el Mecanismo Europeo de Estabilidad por 86 mil millones de euros por un plazo de tres años, que según el primer ministro, era la única forma para permitir que Grecia se mantuviera dentro de la zona euro y evitar la Grexit. Nueve días después del anuncio, Tsipras dimitió a su cargo en medio de un gobierno dividido y con minoría en el parlamento, pues la negociación del tercer rescate llevó a la escisión de Syriza y a la creación de un nuevo partido, por lo que ahora la población se encuentra a la espera de nuevas elecciones para finales de este mes. Independientemente de los resultados, es innegable que los cambios generarán nuevos retos para la población, que enfrenta altos índices de desempleo, pobreza y falta de crecimiento.

 

Por Almendra Ortiz de Zárate

* Titular de la Cátedra A.G. Leventis-Anáhuac en Estudios de Chipre. Universidad Anáhuac México Norte

Twitter: @anahuac

Fuente: Excélsior http://www.excelsior.com.mx/opinion/foro-internacional-anahuac/2015/09/03/1043705

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De Meade a Ruiz Massieu

Escrito por Genaro Lozano el .

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José Antonio Meade dejó la Secretaría de Relaciones Exteriores para asumir su cuarta responsabilidad como secretario de Estado. Con ello se convierte en el primer ciudadano en dirigir cuatro carteras del Poder Ejecutivo y con ello ya varias voces lo anuncian como presidenciable, como un caballo negro en la contienda presidencial del 2018.

Meade ha sido un funcionario eficiente que ha servido para dos gobiernos de identidades partidistas diversas. Un funcionario leal que no ha causado mayores problemas, aunque no queden en claro sus resultados, y que de Sedesol bien podría irse al Senado, si deja de lado su indefinición y asume la bandera del PRI o del PAN, los dos partidos con los que se le asocia. De ahí a candidato presidencial hay un gran trecho.

Durante los tres primeros años del gobierno de Peña Nieto la política exterior de México ha sido presa de la indefinición y de la navegación en piloto automático. La indefinición en torno a los temas globales como la crisis en Siria, el acuerdo nuclear con Irán, la nueva relación entre Cuba y Estados Unidos, la reforma migratoria estadounidense, la situación política en Venezuela o la más reciente crisis en Guatemala se debió en principio al desconocimiento de Meade de la política exterior, pero tal vez principalmente al regreso del PRI a Los Pinos y a su conocida tradición de desentenderse de los temas de los demás.

La navegación en piloto automático se debe principalmente a la inexperiencia de quienes hoy en el Senado presiden las comisiones encargadas de supervisar nuestra política exterior. Senadoras y senadores que en lo general se han desentendido de esa labor y que poco han contribuido a la labor diplomática de México y en nada a la rendición de cuentas.

Irónicamente se habla de un México con mayores responsabilidades globales, pero con la restauración de la tradición diplomática del PRI no vimos en la primera mitad del sexenio a un México con mayores definiciones globales. Se privilegió el pragmatismo, los silencios cómplices y los temas comerciales como el opaco Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP).

El relevo en la Secretaría de Relaciones Exteriores, a la que ahora llega la abogada Claudia Ruiz Massieu, genera más dudas que certezas. En las entrevistas que la nueva canciller ha dado en los últimos días se escucha a una funcionaria que da un espaldarazo a su antecesor y que ve como su reto principal el "seguir con una política exterior vigorosa que continúe renovando los lazos de México con el mundo", así de general, así aún sin sustancia, según comentó la funcionaria a la periodista Yuriria Sierra.

Ruiz Massieu tiene en breve sus primeras pruebas como canciller. La primera será en el tema de derechos humanos cuando el 6 de septiembre el grupo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presente su informe final sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La Cancillería será la responsable de contestar ante el mundo las inquietudes y demandas que los expertos señalen al gobierno mexicano.

La segunda prueba para la flamante canciller será en el plano multilateral, a mediados de septiembre cuando se reúna la Asamblea General de la ONU y se evalúen los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) que en este 2015 tendrían que haber concluido y México quedó con "progreso insuficiente" o con "progreso estancado o deteriorado" en 20 de 80 indicadores, según el Sistema de Información de los ODM. Ante la ONU, Ruiz Massieu deberá además dar seguimiento a la agenda post 2015 de los ODM y ante el Senado debería explicar por qué tenemos tales pendientes.

Luego vendrá una reunión del G20 y las elecciones en EU en las que habrá mayor turbulencia para la relación bilateral que de costumbre debido a la irrupción de Donald Trump y sus posturas en torno a la migración y a la relación con México. Pruebas iniciales que irán detallando si Ruiz Massieu tiene una visión global de las responsabilidades de México en el mundo, si aterriza bien en su nuevo trabajo o si se queda con la idea de que la política exterior es simplemente promover la "marca país", tan deteriorada desde el sexenio de Calderón y en el actual por la crisis de derechos humanos que vivimos. A ver si el Senado también despierta de su letargo diplomático.

 

Twitter: @genarolozano

Fuente: Reforma  http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=70396#ixzz3kYUpVUA0 

 

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Son cinco

Escrito por Víctor Espinoza el .

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En la víspera del arranque del segundo tramo de su administración, Enrique Peña Nieto decidió hacer ajustes a su gabinete. A raíz de la fuga de El Chapo Guzmán había crecido la expectativa de que el presidente llevaría a cabo rectificaciones a su equipo para encarar la crisis de inseguridad y los graves desequilibrios económicos agravados por la caída de los precios internacionales del petróleo. También se sabía que no era muy afecto a llevar a cabo cambios en la “alineación”. Que lo aquejaba algo así como el “Síndrome Mejía Barón”, conocido así porque el entrenador de la selección nacional se negó a sustituir jugadores en aquél infortunado encuentro contra Bulgaria en el Mundial de Estados Unidos de 1994.

Pero la mañana del 27 de agosto EPN hizo el anuncio de cambios en su equipo y en el gabinete ampliado. Para seguir con los ejemplos futboleros, se trató de los ajustes para encarar el segundo tiempo. Algunos fueron enroques, otros tuvieron que abandonar el partido (al parecer les mostraron tarjeta roja) y otros más que se incorporaron desde posiciones cercanas a Presidencia o a la Secretaría de Hacienda. La expectativa mayor era la probable salida o enroque de los secretarios de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray y de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong: ambos fueron ratificados como los hombres más cercanos al presidente.

En un sistema presidencialista como el nuestro, se personaliza la política y en los hechos resulta fundamental quiénes son los candidatos y quiénes llegan a ocupar los cargos ejecutivos (presidencia, gubernaturas y alcaldías). El “estilo personal degobernar” (Daniel Cosío Villegas, dixit) determina en gran medida el destino del país, de las entidades o de los municipios. De ahí el ejercicio recurrente al que nos entregamos los mexicanos: “atinarle” a quien es el “bueno”. El “tapado” sigue siendo un referente vivo para la identidad política nacional.

En el caso actual se trata de leer entre líneas los mensajes y señales del presidente para tratar de encontrar el perfil y el rostro de quien será ungido como candidato presidencial del PRI. En los sexenios anteriores era dentro de los gabinetes panistas donde se buscaban las señales para develar el misterio sexenal. Hoy tanto en el PAN o en el PRD la “caballada está flaca” y es que a diferencia del PRI, que tiene el poder presidencial, no se ve como pueda crearse un candidato(a) capaz de contender con posibilidades de triunfo en 2018. No se cuenta con el aparato institucional para lograr que en tres años se proyecte una candidatura fuerte. El único que llegará con la fuerza necesaria a la disputa presidencial, si su salud se lo permite, es Andrés Manuel López Obrador.

Así las cosas, los cambios en el gabinete perfilan a cinco candidatos priistas rumbo al 2018. Los consabidos pilares del gobierno actual: Videgaray y Osorio Chong; a los cuales se suman: Aurelio Nuño Mayer, José Antonio Meade…y Manlio Fabio Beltrones. Nuño Mayer, cercano a Videgaray, se desempeñaba como jefe de la Oficina de la Presidencia y llega a la Secretaría de Educación Pública. Por su parte Meade, salta de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la de Desarrollo Social. Es un caso atípico pues ha ocupado 4 secretarías en dos sexenios de signo distinto: con Calderón y Peña Nieto. El quinto en la fila es sin duda Manlio Fabio Beltrones. Al lograr ser integrado en la presidencia nacional del PRI, sus posibilidades son reales: si logra ganar la mayoría de los cargos en las elecciones del 2016 y 2017, podría inclinar la balanza a su favor. Sería casi una proeza en medio de las críticas al gobierno de Peña Nieto. Ninguno latiene fácil: los dos delfines del presidente menos: la economía está mal y se proyecta peor, pero la inseguridad y el rechazo social siguen en aumento. Tendría que haber una fuerte recuperación del poder adquisitivo y del empleo o la reaprehensión de El Chapo Guzmán, para garantizarles la candidatura. Los cinco la tienen cuesta arriba: para empezar deberán ser atractivos para los futuros electores y, lo que parece más complicado, sobrevivir al “fuego amigo”; pero de entre ellos saldrá el candidato: será aquel que tenga mayores posibilidades de derrotar a AMLO. En el PRI ya arrancaron.

 

*Investigador de El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: victorae@colef.mx. Twitter:

Twitter: @victorespinoza_

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'El Chapo' y el elefante en la sala

Escrito por Raymundo Riva Palacio el .

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Cuarenta y siete días sobrevivió Monte Alejandro Rubido como comisionado nacional de Seguridad. El jueves pasado, como consecuencia directa de su responsabilidad en la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán, fue destituido y relevado por el exzar antisecuestros, Renato Sales. Sucedió también cuatro días después de que declarara en calidad de testigo en la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada. Su comparecencia ha sido mantenida en secreto, pero su cese muestra al fin que las líneas de investigación por la evasión del criminal más prominente del mundo se enfoca en los que hasta este lunes habían estado blindados, los aparatos de inteligencia civil.

La salida de Rubido no va a ser la única. Fuentes federales anticipan que vendrán más sustituciones en breve. Una que tiene que definirse es la de Ramón Pequeño, quien era el jefe de Inteligencia de la Policía Federal y responsable directo de la seguridad en el Sistema Penitenciario Nacional, quien pese a ser transferido por Rubido a la Policía Cibernética para protegerlo después de la fuga de El Chapo, nunca asumió el cargo y se encuentra en el limbo administrativo.

Pequeño estaba bajo las órdenes de Enrique Galindo, comisionado de la Policía Federal, pero no le reportaba a él sino a Rubido, su viejo compañero del Cisen. Pequeño también fue a declarar a la SEIDO el martes pasado, en calidad de testigo. Falta aún que se presente a declarar el director del Cisen, Eugenio Imaz, corresponsable político, como Rubido, de la evasión de Guzmán.

Los aparatos de inteligencia eran el elefante en la sala de la evasión del 11 de julio del penal de máxima seguridad del Altiplano. La línea de investigación sobre ellos se suma a la que se lleva dentro de la búsqueda de responsables y culpables en el sistema penitenciario. La procuradora general Arely Gómez deslizó las dos vertientes la semana pasada durante su participación en la reunión plenaria de senadores del PRI y el Partido Verde, al revelar que la investigación tiene dos vías: la relacionada con los hechos ocurridos en el interior del penal, y la que se centra en lo ocurrido en el exterior del penal. Lo que omitió la procuradora es que las dos están intrínsecamente vinculadas.

El punto de partida de cómo se entreveraron fue la llegada de Manuel Mondragón como comisionado nacional de Seguridad del gobierno entrante del presidente Enrique Peña Nieto. Mondragón modificó procedimientos, métodos, eliminó la autonomía de los policías custodios con los policías federales e incorporó como autoridad suprema en materia de vigilancia en los penales de máxima seguridad al área de Inteligencia de la Policía Federal. Cuando lo sustituyó Rubido el 25 de marzo del año pasado, no se dio un giro al relajamiento de los sistemas y procesos.

Una de las características perniciosas que instaló Mondragón y continuó Rubido fue cortar la comunicación que desde que se inició el nuevo sistema de penales de máxima seguridad hace casi 25 años, el Cisen primero y la Secretaría de Seguridad Pública después –que realizaban contrainteligencia en las cárceles a través de escuchas– aportaban sistemáticamente a los comisionados de reclusorios de todo aquello que significara riesgos. De esa forma, por ejemplo, información de inteligencia que les dieron frustró fugas como las del jefe del Cártel del Golfo y Los Zetas, Osiel Cárdenas, y del secuestrador más famoso por su crueldad, Daniel Arizmendi, apodado El Mochaorejas. A partir de sus administraciones, el área de Inteligencia de la Policía Federal, que tenía un módulo de videovigilancia dentro del Altiplano, dejó de aportar información a los coordinadores de reclusorios.

Hasta antes de ser recapturado El Chapo Guzmán en febrero del año pasado, el área de Inteligencia de la Policía Federal tenía a 36 elementos en una oficina de videomonitoreo dentro del penal 

–Mondragón eliminó la vigilancia espejo desde el búnker en la Comisión Nacional de Seguridad– que operaban en turnos de 12. Cuando reingresó el criminal, el Cisen instaló una pequeña oficina dentro del Altiplano para monitorear permanentemente la celda del criminal. De esa manera, un agente federal y dos miembros del Cisen estaban viendo ininterrumpidamente la celda de Guzmán. Su trabajo era detectar cualquier movimiento irregular del interno, que motivara una supervisión física preventiva.

La noche del 11 de julio en que se escapó Guzmán de su celda, casi a las nueve de la noche, estaba vestido y caminaba de un lado a otro, como se pudo apreciar en el video difundido por las autoridades. Varias veces se acercó a la regadera que tenía una visión parcial y en más de una ocasión, incluso, se agachó. En un momento se calzó sus tenis y regresó a la regadera. Se hincó y desapareció. Al dar a conocer ese video, Rubido afirmó que hasta el momento en que se fugó su comportamiento era el “cotidiano y normal de un interno que pasa largas horas dentro de su celda”. El comportamiento no era normal. A esa hora suelen estar acostados o dormidos y El Chapo, gracias a todos los amparos que ganó, pasaba la mayor parte de su tiempo en los locutorios con sus abogados.

Quienes monitoreaban a Guzmán esa noche están detenidos. Personal del área de seguridad del Altiplano también. Esta es la parte de la investigación interna que mencionó la procuradora Gómez. La externa se va construyendo. Los nexos entre ambas serán abordados en otro texto.

 

Twitter: @rivapa

Fuente: El Financiero http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/el-chapo-y-el-elefante-en-la-sala.html

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