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La reforma energética y el mundo

Written by Susana Chacón on .

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El Universal 

Estamos ante una gran oportunidad. La reforma energética que México decida debe considerar los impactos que la revolución del shale gas y el petróleo shale tendrán para el país. Serán impactos inmediatos y futuros de gran alcance. Urge una visión integral, holística y de largo plazo.

 

El jueves la Sección Mexicana del Club de Roma y Foreign Policy México organizamos en la EGAP del Tec de Monterrey un debate sobre la reforma energética. Con la participación de funcionarios públicos, empresarios y académicos se discutieron los principales temas para definir una propuesta energética acertada.

Uno de los aspectos analizados fue que el energético es un tema estratégico de política exterior. Poco se le ve como tal. Todo lo contrario: normalmente se le piensa únicamente como un aspecto interno del desarrollo nacional. La mayoría de las discusiones centran su atención en los intereses políticos. El mundo no juega en el debate energético nacional.

¿Cómo pensar una reforma sin incluir lo que sucede afuera?, ¿cómo centrarse en el peso histórico del petróleo y de su expropiación?, ¿qué se propone desde el gobierno? Estas son algunas de las preguntas que escuchamos en otros foros durante las últimas semanas. Nadie habla del cambio energético en el mundo. Pareciera que la revolución tecnológica global no preocupa a los mexicanos. Vemos de nuevo al país desde dentro y hacia adentro.

Canadá sabe que debe abrir mercados en Asia-Pacífico para vender el petróleo que su principal comprador, Estados Unidos, pronto le dejará de comprar. China abre puertas en el Mediterráneo, en América Latina, en África y Medio Oriente. No pierde tiempo para hacer los cambios internos necesarios: en petroquímica, en energías alternativas, en energía nuclear, en construcción de oleoductos y gasoductos. Los chinos saben que tienen las mayores reservas mundiales de shale gas. Europa asume que contará con el apoyo energético de EU para reducir su dependencia de Rusia. Israel tiene cada vez mayores yacimientos. Argentina, Venezuela, Bolivia y Brasil reconocen que Latinoamérica puede convertirse en el próximo Medio Oriente energético. Indonesia desarrolla también su gran potencial. A Irán no le faltan recursos. Irak nada y se sumerge en petróleo. Canadá y EU negocian acuerdos bilaterales para maximizar los cambios que ofrece la revolución energética. Su frontera está perfectamente conectada con oleoductos y gasoductos ¿Y México?, ¿con quién juega?, ¿cómo construye sus alianzas?, ¿cómo define sus prioridades energéticas ante el mundo?

En el Departamento de Estado de EU, en los gobiernos de China, Brasil, Noruega, Arabia Saudita y en los principales países productores el tema energético tiene al menos una oficina en sus respectivas cancillerías. Lo incluyen también dentro de sus Congresos, en las comisiones de política exterior. Cuentan con especialistas en política exterior y en energía. Las decisiones se definen integralmente, pero siempre como un tema internacional además de doméstico. A pesar de que hay algunos acuerdos como los planteados en la visita de Xi Jinping, en el país la atención se centra en lo interno. Estamos lejos del mundo.

Asumamos el cambio global. Los equilibrios geopolíticos y geoestratégicos son muy distintos de los del siglo pasado. A EU no le preocupa más el petróleo mexicano. ¿A quién le venderemos ahora? Falta una mirada de futuro. Pero en todos: en la sociedad, en la academia, en los grupos políticos, en los funcionarios públicos y en los empresarios. Es un grave error ver al petróleo como algo interno nada más. Debemos definir un desarrollo que aproveche ventajas competitivas, geográficas, comerciales, a la diplomacia y vínculos con el exterior para tejer una política energética acertada y con visión de largo plazo. Sumémonos a la oportunidad. Pensemos si queremos dejar de vender e incrementar reservas; desarrollar la petroquímica y exportar gasolina en lugar de importarla; comprar gas ahora que los precios están tan bajos en nuestro vecino del norte. Demos espacios a empresarios mexicanos para que sean ellos quienes arriesguen con nuevas tecnologías y reglas claras, al tiempo que el gobierno invierta utilidades de Pemex y CFE en educación, investigación y desarrollo tecnológico para contar con especialistas en materia energética. Urge infraestructura de gasoductos, oleoductos y trenes que conecten el territorio nacional y abran las puertas al mundo. La frontera México-EU carece de infraestructura energética. En el litoral del Pacífico difícilmente podríamos conectarnos con Asia para recibir y enviar energéticos. No hay tiempo que perder. Optemos por un México competitivo.

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