Imágenes distorsionadas

El Universal
Desde hace dos décadas, la imagen de México no se ha logrado enderezar. Después de una etapa que condujo a la firma del TLCAN y la creación de instituciones democráticas, sucedieron acontecimientos de violencia que se han recrudecido. Ese entorno negativo se fue permeando en forma creciente en el exterior. El subcomandante Marcos develó en Chiapas, el primer día de integración norteamericana, que el nuevo socio estaba infectado por guerrillas, fenómeno político obsoleto ya en esa época. Desde el ángulo político, 1994 fue un año con sobresaltos inéditos, sin embargo, había capital político para que fueran condonados en la escena internacional. Culmina el siglo con dos asesinatos de estado, secuestros inocultables y el préstamo de rescate que mereció reconocimiento mundial, por su pago puntual, producto de una estricta disciplina. La narcotización de la imagen se inició con la detención del zar antidrogas, vinculado al cártel que sigue dominando el escenario. La temida presencia del crimen organizado nos empezaba a alcanzar.
Ignoramos que la estrategia estadounidense de "sálvese quien pueda" estaba en marcha, con el plan Colombia que supuso cesión temporal de soberanía, fórmula impensable en nuestro país. Al mismo tiempo, modificaron rutas con gran éxito, erradicando del Caribe próximo a sus fronteras el trasiego de droga. Nuestro primer gobierno de alternancia reaccionó con ingenuidad, mezclado con triunfalismo, asumiendo que erradicaría providencialmente los males. Las agencias anticrimen de los vecinos acumulaban éxitos mientras nuestros desaciertos crecían alimentados por la inacción, inseguridad, secuestros y el avance abierto del crimen organizado que se asentaron sólidamente en el país, desvaneciendo los rasgos positivos alcanzados. Brasil, Colombia y Perú crecieron en la valoración de las corredurías, no obstante que los dos últimos siguen siendo los principales productores mundiales de cocaína, mientras nuestra nota roja domina la escena y percepción externa.
La estrategia de confrontar a los cárteles con las Fuerzas Armadas dividió las opiniones. Los mexicanos tenemos una apreciación histórica por Ejército y Marina, pero surgieron dudas sobre su capacidad de actuar fuera de su mandato y entrenamiento. Las acusaciones de organizaciones de derechos humanos, 50 mil muertos, la ausencia de signos de avance, confirman el inmediato reciclaje de los delincuentes y el compromiso tibio de Estados Unidos. La escasa eficacia de los cuerpos policiacos no ha mejorado, cuestionando el desgaste estéril de las Fuerzas Armadas. La imagen y percepción nacional e internacional ha empeorado. Lo cotidiano supera campañas turísticas o esfuerzos de publicistas profesionales.
El peligroso juego de hacer política, inodando a personajes públicos, liquida la escasa confianza en los aparatos de justicia. Esta práctica perversa sólo se enmienda si se confirman ante un juez los datos publicados en medios, provenientes de autoridades. El próximo proceso electoral está orientado a desacreditar partidos, personas e instituciones a costa de la credibilidad del IFE o del Trife. Sólo una observación masiva de Naciones Unidas, como en 1994, garantizará la credibilidad erosionada por la politización de los órganos electorales y la criminalización no probada de los procesos.
A estas alturas, es difícil revertir la opinión internacional negativa, nutrida en información producida en México. No se han logrado transmitir las insuficiencias de la Iniciativa Mérida o la colaboración fragmentada de EU, que actúa en forma unilateral, sin concertar con autoridades mexicanas. El debate por la nominación republicana ha circulado la tesis de que la corrupción mexicana es responsable de la droga que circula en ese país. Este simplismo se origina aquí, donde el cotilleo político maneja con frivolidad una estrategia de responsabilidades infundadas. La imagen seguirá siendo negativa mientras lo que ocurre en el territorio nacional no se resuelva apegado al derecho. El simplismo actual facilita el robustecimiento del crimen organizado.

